oct 09 2009
“Fierro y Cruz se fueron a Croatán”
Leyendo el apartado de ZTA en el que se habla de “la clausura del mapa”, como la extinción del territorio físico libre de todo sistema de control, recuerdo la fábula borgeana de los cartógrafos del Imperio que tratan de hacer coincidir, con precisión milimétrica, su mapa y el territorio. El proyecto acaba así:
…Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.
(El Hacedor, Museo, “Del rigor en la ciencia”)
He de decir que esta misma fábula es comentada por Baudrillard en la introducción de Cultura y Simulacro, fábula que según él ya no sirve para ilustrar el estado de la cuestión, ya que:
Hoy en día, la abstracción ya no es la del mapa, la del doble, la del espejo o la del concepto. La simulación no corresponde a un territorio, a una referencia, a una sustancia, sino que es la generación por los modelos de algo real sin origen ni realidad: lo hiperreal. El territorio ya no precede al mapa ni le sobrevive. En adelante será el mapa el que preceda al territorio -PRECESIÓN DE LOS SIMULACROS- y el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula, hoy serían los jirones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El propio desierto de lo real.
Esta metáfora de control basado en la hiperrealidad, que oculta por simulación el desierto de lo real, tiene mucho que ver con el planteamiento de la ZTA como un espacio de ruptura de esa simulación. Bay propone la voluntad de poder desaparecer como un mecanismo de huída para poder refugiarnos en efímeros túneles de libertad. Como él dice: ¿Para qué enfrentar un poder basado en la simulación?
Tanta imagen de desiertos y fronteras me deriva inevitablemente en el Martín Fierro (José Hernández, 1872), muy fresco en la memoria por la versión animada que casualmente vi este domingo en la Filmoteca de Valencia, en un ciclo dedicado a la animación argentina. (Película, por cierto, cojonuda, especialmente en la voz del actor que dobla a Fierro, en la dicción de las sentencias que culminan las sixtillas).
Podemos leer en el poema gauchesco el relato de una vida de frontera, de frontera en Expansión Imperial. Reclutado a la fuerza para servir en la guerra del Sur, el gaucho Martín Fierro se ve desposeído de todo (su familia y su hacienda, su caballo y su dignidad). Aunque el punto de vista del poema no es muy sensible respecto al genocidio indio, que no se presenta más que como un telón de fondo contextual, podemos leer en él la dominación paralela que surge bajo este estado en expansión: los indios exterminados, sus recursos expropiados, los gauchos y hombres del campo obligados a enfrentarse a un enemigo desconocido en tierras ignotas. La deserción de Martín Fierro se presenta como la voluntad de poder desaparecer, la única opción viable para mantener intactas libertad y dignidad (una y misma cosa), la única opción que queda para convertirse en gaucho legendario, inspirador, y no desaparecer – como lágrimas en la lluvia – bajo la máquina estatal de olvido y resignación. Anteponer la libertad a la felicidad, es esto:
Aunque muchos creen que el gaucho
tiene un alma de reyuno,
no se encontrará ninguno
que no le dueblen las penas; 1120
más no debe aflojar uno
mientras hay sangre en las venas.
Pero no se puede cerrar ninguna glosa del Fierro sin una digna mención de Cruz, del Tadeo Isidoro Cruz (1829 – 1874) que ya biografió Borges – de nuevo Borges y su caleidoscopio. A él me remito:
De los días y noches que la componen [su historia], sólo me interesa una noche; del resto no referiré sino lo indispensable para que esa noche se entienda.
(…)
…una lúcida noche fundamental: la noche en que por fin vio su propia cara, la noche en que por fin oyó su nombre. Bien entendida, esa noche agota su historia; mejor dicho, un instante de esa noche, un acto de esa noche, porque los actos son nuestro símbolo.) Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para quién es.
¡Ay, la cursiva de Borges, qué peligro tiene! Cada vez que Borges tuerce el cursor saco papel y boli. Un sólo momento, un sólo acto, el satori que nos indica que pisamos el terreno incierto pero excitante que rodea las ZTA. El satori que que es leit motiv constantemente inalcanzable en “62, Modelo Para Armar”, que ya ha sido comentado en más de un post sobre el libro de Hakim Bey. El momento en que el hombre sabe para quién es: así lo comprendió Cruz, cuando habiendo acorralado al matrero prófugo le tocaba darle muerte por orden de la autoridad:
Comprendió que las jinetas y el uniforme ya lo estorbaban. Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él. Amanecía en la desaforada llanura; Cruz arrojó por tierra el quepís, gritó que no iba a consentir el delito de que se matara a un valiente y se puso a pelear contra los soldados, junto al desertor Martín Fierro.
Después de esto no sé que quedaría por decir mientras se alejan… El destino trágico de la ZTA que nace sabiendo de su condición efímera; Cruz y Fierro necesariamente nómadas porque desaparecer implica también eso, renunciar al hogar cómodo para seguir cabalgando mientras puedas: dejar atrás la civilización.
Cruz y Fierro de una estancia
Una tropilla se arriaron,
Por delante se la echaron
Como criollos entendidos
Y pronto, sin ser sentidos,
Por la frontera cruzaron.
Y cuando la habían pasao
Una madrugada clara,
Le dijo Cruz que mirara
Las últimas poblaciones;
Y a Fierro dos lagrimones
Le rodaron por la cara.
Y siguiendo el fiel del rumbo,
Se entraron en el desierto,
No se si los habrán muerto
En alguna correría
Pero espero que algún día
Sabre de ellos algo cierto.
Marchar a Croatán, desaparecer.


Libertad sobre felicidad, lobo, cruzar la frontera como modo de desaparecer… El Martín Fierro por ti selecciondo pasará al próximo itinerario
Si bien el Martín Fierro constituye en Argentina una obra clásica, no había leído hasta ahora una perspectiva tan llamémosle “antisocial”
Me resulta interesante ver cómo la literatura, al menos en mi país, es predominantemente un bastión de la izquierda, pero esta obra ha sido principalmente tomada por la derecha, para exaltar los valores de “la patria tradicional”
Este juego de tomar obras para hacerlas adalid de una causa, también podría merecer un estudio histórico en cada obra importante.
Curiosamente, creo que este tipo de estudios no deben abundar mucho, pues sería quitarle fuerza a una interpretación politica preponderante, además quienes deberían hacerlo, no pueden soltar ni por un momento, muchas veces, su desgastada posición ideológica
Muy atinado ejemplo. Martín Fierro está escrita desde el exilio y enmarcada en la gran paradoja sudamericana: Civilización o Barbarie. En la segunda parte “La vuelta de Martín Fierro” se nos cuenta como era ese otro mundo, el de los “salvajes” Pampas y Fierro se reencuentra con sus hijos y el de Cruz; el resultado final es que todos toman rumbo hacia la frontera, una vez cruzada esa linea no hay retorno, pero ya no se trata de mimetizarse con los “salvajes”. Pino Solanas la reelaboró en su película “Los Hijos de Fierro” (http://www.pinosolanas.com/los_hijos_info.htm / 1975), transpolando los escenarios a los de las fábricas, a los días previos al golpe de estado y al consiguiente “Proceso de Reorganización Nacional” (1976).
De hecho la solución al problema del “gaucho” se solventó mandándolos a la guerra contra Paraguay (Guerra de la Triple Alianza), quizás otro buen ejemplo de una ZTA .
¡Vaya, que suerte contar con auténticos comentarios argentinos por acá!
Paco, gracias por la referencia a Pino Solanas, no lo conocía. Ya estoy navegando por su web (muy buena pinta) y estoy bajando “Los hijos de Martín Fierro”. Ya te comentaré cuando la vea…
Neocoach, muy ciert lo que dices sobre la carga política de las obras literarias. Ya me sonaba eso de que el Martín Fierro estaba reivindicado por los sectores más tradicionalistas, la verdad es que la obra se presta, por esa épica de la conquista de la frontera que puede fácilmente interpretarse como una exaltación patriótica. Es cierto que un estudio analítico sobre esa interpretación ideológica le quitaría mucha potencia al desmontar el mito, pero también es muy útil (quizá más) recargar el mito con nuevas lecturas, generar incluso nuevos mitos – como hace Borges con Cruz, o Pino Solanas con los hijos de Fierro. Es lo que Wu Ming llama “la estrategia de Orfeo”:
http://jusousa.blogs.uv.es/2009/06/19/nota-20/
¡Una forma muy grata de enriquecer los itinerarios!
Bueno, eso de comentarios argentinos no se…
Me picó la curiosidad y encontré estas referencias a la historia del gaucho:
http://www.rau.edu.uy/uruguay/cultura/gaucho.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/Gaucho
Entre otras cosas (el gaucho es una figura sudamericana aunque Argentina se “apropiara” de la franquicia, de hecho hoy están jugando las selecciones de fútbol de Argentina y Uruguay, o sea “gauchos contra gauchos”) parecen confirmar la etimología de la palabra “gaucho”, cuyo origen sería “huacho” con dos acepciones: “vagabundo” y “huérfano”. Supongo que la primera acepción corresponde a “gaucho” y la segunda acepción a “guacho”, que en lunfardo es totalmente despectivo. (Creo que me ha salido un comentario trabalenguas
Si tienes la oportunidad de ver los “Hijos de Fierro” no dejes de comentarmelo
poca gente la pudo ver en su momento, yo accedí a ella recién en los 80, la otra peli de ese periodo es “La Hora de los Hornos” mucho más panfletaria ya que en ese entonces los creadores se consideraban el “brazo cinematográfico” del Peronismo, vertiente “montonera” (que era el “brazo armado”); otra vez los gauchos de por medio…
Julio: muy bueno el post sobre este tipo de estrategias anti-mediáticas, sólo hay que atreverse más a hacerlas un hábito y disfrutar con ellas y con lo que generan
Saludos
¡Precioso post, Julio! Aunque (desgraciadamente) no conozco demasiado ni a Borges ni la historia de Fierro, ya veo por los comentarios que has establecido un buen enlace con Bey.
Me ha interesado especialmente cómo ligas el comentario de Baudrillard con Bey. Quizá por la herencia situacionista de ambos, ayuda bastante a entender qué quiere decir Bey cuando habla de la geografía de las ZTA, uno de los aspectos que más me cuesta comprender de su ensayo. Entiendo pues que las ZTA deberían ocupar los fragmentos de territorio real (no incluido en el Simulacro) que aún quedan dispersos. Y aún así no veo claro cómo llevar esto a la práctica.
[...] En Héroes, Ray Loriga recoge los pensamientos, sueños y delirios de una chico que quiso ser estrella del rock, que frustrado se encierra en su cuarto y despotrica contra el mundo. Se ve obligado a tragarse su arrogancia cuando cae de la nube (cuando la nube se agota, o se disuelve), y el único recurso que le queda frente a toda la realidad que le envuelve y le repulsa es el aislamiento, la crisálida, el lobo. [...]
[...] Tras un análisis semántico de los términos enseñar y aprender (contradictorios: “aprendemos a ser cazadores, nos enseñan a ser presas“), se concluye: Hay niveles de aprendizaje -y de pensamiento. El nivel cero es la enseñanza, [...]
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