feb 01 2009

AMATEUR (de Kieslowsky) y B. Stiegler

Publicado por a las 21:53 en RáFagas

Vi esta peli el martes pasado, en el CCCB (que provecho le estoy sacando al carné de socio), en una proyección ex-profeso para un posterior debate. El marco conceptual de las jornadas era un I+C+i que significa investigación e innovación en el ámbito cultural. La posterior charla, que daba Bernard Stiegler, algo así como un filósofo investigador del Centre Pompidou y l’EHESS (el típico sabio indefinido que no sabes muy bien por donde te va a salir).

La película la pasaron por lo que se habló a continuación (“Del Amateur al contribuidor”, se titulaba la charla). Los amateurs propuestos como un modelo de público totalmente opuesto al modelo “consumidor” que hoy prevalece. Y el término de estupidez sistémica me gustó mucho, es muy francés. No era mala idea, pero este modelo teórico presenta unas fallas que todavía no he comprendido. Esto ya lo hablaré yo con el Stiegler, si se presta. Si consigo una buena definición operativa, vuelvo a Valencia a utilizarla en mis análisis reticulares. Pero antes tengo que aprender como se hace eso. Y dejo este camino, que para eso tengo mi otro blog (el serio).

Y claro, el contribuidor (el lector de Rayuela, para entendernos) sería un poco la homología contemporánea de ese amateur que fue exterminado por las industrias culturales. Dato escalofriante que soltó el señor: hasta 1908, nadie podía escuchar música sin saber hacerla (esto vale tanto para la música popular como para la música clásica que escuchaban cuatro burgueses bien educados). Luego la radio… y me da una rabia tremenda cuando me veo incapaz de seguir una partitura cuando Miquel toca a Bethoveen. Así que, contra el público sensitivo-pasivo, el colaborador… como en los libros de “escoge tu propia aventura”… Yo insisto en que no lo tengo del todo claro, y en este punto ya le grité muchas cosas a Eduard en su grupo del Facebook sobre “Nocilla Proyect”. Ahora que internet 2.0 lo pone tan facil, todo el mundo quiere contribuir y… poco a poco, a ver si vamos a dar un doble tirabuzón y al final caemos justo donde habíamos empezado. Contribuir ¿en qué medida? ¿estamos capacitados? ¿de qué estamos hablando, de cosas inocentes como esto de aquí? Si es más, ¿Dónde dejamos el órden, lo preconcebido, la voz individual? Parece que renunciamos a todo esto muy alegremente, ya veremos a donde nos lleva este barco. Sería un poco el conflicto entre John Cage y Stockhausen, según me comenta mi amigo Carles. Pero esto no lo desarrollo porque no tengo ni idea, sólo tiro la piedra y escondo la mano.

De la película, que puedo decir. Ya me ha pasado varias veces que tengo lo que se me presenta como una idea brillante, y la acoplo estructuralmente en un relato, y luego descubro a un tipo que hace 30 años… El giro de la cámara en la última escena. (La cámara personaje, digo, la cámara diegética; no la cámara narrador). Exactamente el mismo movimiento que hace Pierre Bourdieu en 2003, en la cama de hospital en la que escribió su autoanálisis antes de morir. Enfocarse a sí mismo es lo mejor que se puede hacer cuando descubre que, haga lo que haga, lo que grabe tendrá efectos. No se puede ser neutral. Y esta pequeña reflexión sobre el cine es mucho más potente cuando se plantea desde el documental, con aquello de la intención de versemblanza, la exposición del MACBA (utopías fotográficas modernas).

Y el pobre hombre, arrastrado por la cámara y dejando atrás a su mujer y su hija y sus amigos y todo. «No sé lo que es, pero sé que es importante, es más importante que todo lo demás». Y cómo acabas, Filip… la respuesta la da Beckett en Krapp’s Last Tape.

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