nov 10 2009

Berlin 1989-2009, tantas historias del muro…

Publicado por a las 3:57 en CRONICAS,Itinerario Indiano

La patrimonialización naional de una turba transfronteriza

Escribo cicunstancialmente desde Berlin, de visita en el piso de una amiga, y coincido con la fastuosa celebración del 20 aniversario de la caída del muro. Siguiendo el contexto de este itineario, es interesantísimo seguir la alternante carga, descarga y recarga simbólica de este evento histórico, posiblemente el más significativo de la segunda mitad del siglo XX. Es obvio que la primera asociación remite al fin de la guerra fría; como también es evidente que este armisticio (material y simbólico) no se firmó de forma unilateral, sino que fueron muy distinguibles vencedores y vencidos (Fukuyama dixit).

A partir de esta interpretación básica, se pueden extrapolar muchas lecturas de este preciso momento. La primera propuesta sería utilizar como fulcro teórico la conceptualización de Juan Urrutia en “aburrimiento, rebledía y ciberturbas“. No sé si ciber, pero definitivamente turba fue la que derrumbó el muro, un explosión relativamente espontánea que tuvo su puto de arranque en la confusión en la lectura de un comunicado de Günther Schabowski (televisado). Suponemos que el grado de hastío de los berlineses frente al control de sus movimientos en su ciudad (el muro, checkpoints, Stasi…) debía ser muy elevado. Al escuchar la expresión “efecto inmediato”, y saber que todos sus conciudadanos escuchaban ese mismo mensaje, el impulso de salir a la calle esa misma noche debió ser irreprimible, sabiendo además que no sería un loc solitario el que atacase el muro, sino toda una legión de televidentes (haciendo rebasar de lejos el umbral de rebeldia). Aun así, Tiananmen no estaba tan lejos, no estaba tan claro como podría haber acabado eso, así que tampoco es tan fácil matematizar y restarle valor y épica a todo aquel que se acercara aquella noche al telón. Ayer por la noche, de cervezas en un bar, me contaba un berlinés borracho (entre 40-50 años) sus recuerdo de aquel día. Recuerdos y sensaciones comunes, idénticas a las de muchos otros de la misma generación, historias de esas que se escuchan frecuentemente en reportajes y documentales. Como una medalla que ha perdido el lustro de tanto sacarla del bolsillo para enseñársela al primero que pase, pero aun así conservando toda su majestuosidad, su dignidad inherente. Me dijo que en cuanto escuchó la noticia cogió su coche, recogió a sus amigos, y estuvieron toda la noche cruzando uno a uno todos los puestos de control: como una aguja de zurzir desgarrando un velo ya demasiado fino.

Lo que he visto hoy en la Brandemburger Tor, bajo toneladas de lluvia y horas y frío y paraguas a la altura de los ojos se apartaba un poco de este relato, acercándose más a un escenario orwelliano de control, como señala Versvs en su post sobre el asunto. Freiheit Fest, se llamaba. Ja. Un mecanismo tan simple como el pretexto de la seguridad para liquidar toda posible libertad que pudiera quedar en el evento. Vallas y policías cacheado a todo el que pasara rodeaban todo el recinto (aunque me temo que más que bombas o metralletas, lo que buscaban eran posibles botellas de cereza que evitasen al desdichado tener que pasar el rato con el extraño Gluhwine de las barras de la organización). Pantallas gigantes a ambos lados de la Puerta de Brandemburgo retransmitían todo lo que era digno de retransmisión: los conciertos de Barenboim (el “legítimo artista clásico”, que recordó con gravedad y solemnidad la noche de los cuchillos largos, casualmente de otro 9-N) y Bon Jovi (el “héroe popular”, que en el ’89 se llevó un trozo de hormigón); y los sucesivos discursos de los jefes de estado del presente (Sarkozy, Gordon Brown, Hillary Clinton y Obama, Medvedev, Angela Merkel) y dirigentes de la época en que cayó el muro (Gorvachov, Miklos Nemeth…). Por un momento parecía que todo el mito de rebelión espontánea y caos que envolvía a la fecha no fuera más que una ilusión, y en realidad la caída del muro fue una ordenada respuesta cívica a la convocatoria oficial de los dirigentes, que decidieron ese día “instalar la lbertad en Berlín”.

Por otro lado, la aparición de los jefes de estado europeos, y posteriormente de Durao Barroso, no hacía más que incidir en el contenido de los discursos: remarcar el marco cognitivo de una Europa de los Estados, presentar la caída del muro como un éxito para la nación alemana (la “eterna” nación, de nuevo reunificada tras décadas de dramática separación). Definía Benedict Anderson la nación como “una comunidad imaginada como inherentemente limitada y soberana”. La primera parte de De las Naciones a las Redes reconstruye magistralmente el proceso de formación de los estados nacionales (basándose principalmente en Anderson y Hobsbawm), a partir de elementos como la proximidad lingüística y cultural. Una comunidad internacional formada por estados, que sólo reconoce estados, ha de ser cada vez más incompleta. Queda fuera un universo de interrelaciones reticulares entre nodos, donde las ciudades tienen grandes oportunidades para establecerse como entidades protagonistas del proceso globalizador, sustituyendo el gobierno local al nacional, abriendo un nuevo frente de posibilidades y amenazas. Sólo unas ideas sueltas al respecto que me llaman la atención estos días:

  • el aereopuerto low cost más cercano a Berlin (o al menos el que yo he usado) está en Poznañ, Polonia; 
  • desplazarse por la red de esudiantes erasmus distribuídos aleatoriamente por europa (y sus pisos de amigos, y de amigos de un amigo) es una de las experiencias más divertidas qe se me presentan hoy; 
  • aunque en estas redes tiende a mantener preeminencia el vínculo basado en identidad nacional, una vez superada la barrera lingüística, este vínculo pierde importancia respecto a otras afinidades, ganando la red en diversidad y riqueza;
  • Berlin, como uno de los principales nodos centrales de esta red transnacional, carece de un equipo de fútbol decente: en el marco nacional de la Bundesliga, Berlin queda totalmente ajeno;
  • Las redes se superponen en el territorio de forma exagerada: no se puede hablar de Berlin, sino de miles de berlines que no tienen nada que ver. La red de hausprojekt (grupos locales trnasnacionales) no podría estar más separada de los circuitos turísticos organizados, con el paso obligado por el Bundestag y la isla de los museos.

Bueno, como véis es tarde y ya no afino, y mañana me voy a Frankfurt (en coche p2p) de camino a Strasbourg. Me quedo sólo con esa última pregunta: ¿Fue ese 9-N un éxito más alemán o berlinés? ¿o transnacional?

5 comentarios

5 comentarios en “Berlin 1989-2009, tantas historias del muro…”

  1. Davidel 11 nov 2009 a las 8:46

    En realidad Julio, no fue una cosa ni la otra. En el momento lo veíamos como el resultado de la expansión de una serie de movimientos y huelgas (llamadas “salvajes”) que eran las que no contaban oficialmente bajo la “Solidaridad” de Gdansk o las huelgas rusas. Era “el viento del Este”.

    En la práctica: el agotamiento del sistema y la estructura nacional e internacional del bloque, permitía la emergencia visible de las redes sociales invisibles que la gente había creado para tener un mínimo entorno social real y una mínima opción de supervivencia. Y eso era común desde Novosibirsk a Berlín.

    Pero tampoco infravaloremos: romper el muro significaba muchísimo. De entrada cambiar el marco de comprensión del mundo entero en el que habíamos crecido. Ipso facto moría, inane, el estalinismo, pero también todas las ideologías centralizadoras “progresistas” y “científicas” del estado, de la socialdemocracia en adelante, y para rematar se iniciaba la cuenta atrás de los que en los meses siguientes cantarían victoria y ahora parecen atribuirsela.

    La caída del muro fue la puerta a un nuevo mundo cuyas primeras señales ya estaban ahí: redes sociales autónomas y movimientos transnacionales incipientes que se articulaban como P2P, sin mediación, porque venían de un mundo donde sólo una mediación era posible, de hecho era obligatoria, y era puro control.

    Y en paralelo, casi invisible, ligado a una generación de lo que entonces eramos “chavalitos” de 18 o 19 años, esas maquinitas que se conectaban una a otra, que publicaban sin necesidad de imprenta, que comunicaban sin -entonces- interferencias. La negación simbolica de un mundo que hasta entonces era puro “main frame” gobernado por informáticos en bata blanca, pura representación del ideal descentralizado y tecnocrático del estado de los progresismos de la época.

  2. neocoachel 14 nov 2009 a las 16:26

    Julio: yo creo por lo que he ido observando, que quienes nesecitan apropiarse del pasado es porque no tienen un futuro más o menos claro y posible que ofrecerles para sus seguidores o su comunidad. Y creo que en este caso se aplica perfectamente

    Un saludo

  3. [...] en noviembre, desde Berlin, un post sobre la patrimonialización nacional de la turba del ‘89, mientras se celebraba el XX aniversario de la caída del mauer. Después de visitar el East Side [...]

  4. [...] de mi país están por delante de los míos”). Jesús Pérez comentaba hace unos días como la caída del famoso muro acabó drasticamente con la explicación simple de todos los conflictos mundiales: donde antes [...]

  5. [...] Pérez comentaba hace unos días como la caída del famoso muroacabó drasticamente con la explicación simple de todos los conflictos mundiales: donde antes sólo [...]

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