jul 25 2010

Mitologías de autor tras la cultura de la barbarie

Publicado por a las 19:42 en Bartlebys

Ya tengo el visado para Brasil, 12 meses. Mientras esperaba en Barcelona a que el consulado tramitara lo que hiciera falta, aproveché para visitar viejos amigos y de paso recuperar libros que creía perdidos. Estuve un par de días deambulando por el Raval con 2666 bajo el brazo, y entre cafés y cervezas volví a engancharme y leí de nuevo toda “la parte de los críticos”: Espinoza y Pelletier (obstinados detectives frustrados), Liz Norton (escurridizo objeto de deseo intentando devenir…) y Morini (copista Scapolo hasta devenir…), tods ellos zopilotes revoloteando sobre el hueco que dejó Benno von Archimboldi; aunque Morini se autodefina como “el pez guia que navega junto a la sombra del tiburón negro que es la obra del alemán”, no hay duda que es acrotomofilia lo que mueve a esta bandada de necrófagos tratando de completar el sistema literario de un autor con el relato de su biografía. ¿Quién no hace eso? Los cuadernos de Miquel Barceló en Goa… En cierto sentido, toda la obra de Bolaño se mueve en ese terreno resbaladizo donde se forjan los mitos: relatos en primera persona con una incierta aura autobiográfica, relatos del joven beat y del rebelde encarcelado por Pinochet, muerto en-la-más-suma-miseria de un suburbio catalán… la construcción del autor es un artefacto paralelo a la construcción de “la obra”, y obviamente esto no pasaba desapercibido para el irónico Bolaño, que ironiza con todos estos mecanismos industriales, tanto en el rastro incierto de la segunda parte de Los detectives salvajes, el memorable Sensini, o, como no, el místico gigante que es Benno von Archimboldi, el autor sin obra. Una de las mejores jugadas de este estilo, las falsas autobiografías llenas de enigmas y pistas falsas, sean posiblemente las Confesiones del estafador Felix Krull. Thomas Mann inició esta novela en su temprana juventud, pero no la acabó hasta el final de su vida. Como comenta Otto Cázares:

La suntuosidad densa de ese pensamiento se debe a que no es tanto un pensamiento como una fisonomía: retrata al artista o mejor dicho, como autorretrato, su obra señala al artista que habitaba en él mismo. En ese rostro autorretratado el lector descubre el proceso de afeamiento al que se somete todo artista digno de llamarse de tal modo, pues la talla en madera de la madura lucidez espiritual, toma también como material artístico al rostro y le surca y le aja como botín de guerra de la Obra. Escribir acerca de  Thomas Mann arredra a toda Inteligencia porque en un acto de volición, él  lo ha dispuesto así. Presentar los rasgos fisionómicos del artista y hacerlos pasar por pensamiento deja siempre arrobado a su lector que no sabe decidir si los métodos por los que es embelesado son artísticos o fraudulentos.

La construcción artesanal del mito del autor huido, donde vida y obra se mezclan en un amalgama indisoluble, nos lleva (o me lleva) a los Bartlebys de Vila-Matas, en donde los escritores del No conviven con los escritores ocultos. Además de ese supuesto encuentro con Salinger (la genial nota 31, impostura donde las haya), y las referencias a Gracq, el paradigma del escritor oculto es un tal B. Traven que se presenta en la nota 84. Un tipo misterioso, de mil nombres y mil ocultaciones, que por lo que yo puedo saber, no es más que una invención del impostor Vila-Matas, ya que nunca he tenido ocasión de leer nada ni ver nada hecho por el tal Traven. Y entre toda esta tropa de excéntricos escritores, me paro en otra cita encontrada entre los Bartlebys:

Una de las diferencias más generales que pueden establecerse entre los novelistas anteriores y posteriores a la Segunda Guerra Mundial reside en que los de antes de 1945 solían poseer una cultura que informaba y conformaba sus novelas, mientras que los posteriores a esa fecha suelen exhibir, salvo en los procedimientos literarios (que son los mismos), una total despreocupación por la cultura heredada.

Bartleby y compañía: 81, (p. 168)

No sabría decir hasta que punto es definitivo el hito temporal. Tendría especialmente sentido en el caso de Thomas Mann (se me ocurre comparar a Thomas Mann en una mesa de roble con Jack Kerouack fumando porros en los garitos de Tijuana… difícil pensar que son de la misma especie), y el dodecafonismo del Doktor Faustus señalando un hito explosivo, que coincide en el montaje de la trama con el trauma de la II Guerra Mundial. La única obra que emerge de ese marco espacio-temporal es un himno a la tristeza, una anti-novena.

“Todo documento de cultura es un documento de barbarie”

Walter Benjamin

Es el fin de la inocencia: tomar cociencia de que la civilización que genera a Wagner y Schönberg da, paralelamente, Auschwitz y Srebrenica. El ideal de La Obra, y el ideal de Pureza, de Progreso y de Utopia Hoy, van de la mano. Y Adorno dice:

“No se puede escribir poesía después del Holocausto”

Seguramente, no se puede escribir poesía como antes del Holocausto, lo que es lo mismo que decir que no se puede vivir como si nada de todo esto estuviera pasando. Replantarse la forma de escribir (y de no escribir) supone replantearse todo aquello de “subirse a hombros de gigantes”, como si hubiera un techo inalcanzable que alcanzar y nosotros sólo escaleritas hacia el cielo. “La cultura heredada” sería así algo peligroso considerada como una autónoma tabla de redención por la que escalar, evitando toda pausa o desviación. ¿Cómo no asustarse entonces ante las implicaciones del Canon Occidental de Harold Bloom, donde todo es agonística y asesinatos? Siento en el fondo de toda nuestra cultura (en cada instante de mi formación académica) un rabioso gesto de apartar con violencia, de rechazar con urgencia lo inútil y todo aquello para lo que “no hay tiempo”.

Y casualmente estuve ojeando también el ensayo Borges y la Ciencia Ficción, de Carlos Abraham. La idea foucaultiana o borgeana de la biblioteca se presenta aquí como reacción contra este paradigma de lo canónico (Bloom). Debajo de todo este juego de “la alta literatura” y la “literatura industrial”, de lo que es efímero y de lo que permanecerá (y esto daría para hablar del internet como un escenario de palabra oral, donde las palabras no estan escritas con tinta sino con luz…), se nos presenta a un Borges insaciable, que no se limitaba a Shakespeares y Schopenhauers sino que con igual tranquilidad se pasea por novelas policiacas o la ciencia-ficción, saliendo del canon cuando le apetecía para hacerlo más grande a su regreso. Las imposturas y disimulos para que no se note que lee a Wells, el elegante gesto de apartar, eso va aparte: aquello de no decir ciencia-ficción porque suena mal sino literatura fantástica que es más fino, aquello de mejor quitar las máquinas que ya las mete Bioy en La invención de Morel, los pseudónimos y obras colectivas para según que cosas… Y en cambio, lo que nos mola de Bolaño no es que sea un señor en un sillón leyendo mucho, sino que sea un beat al borde de la inanición en Sonora, lo que nos mola de Archimboldi es que sea un tipo solitario que vagabundea en Grecia y en Marruecos y en donde sea pero siempre ausente y nunca en un despacho.

Más que total despreocupación se me antoja cansancio lo que se siente frente a la cultura heredada. Irreverencia, si se quiere. Tal vez esta irreverencia sea una exigencia implícita para el escritor de hoy, lo mismo que en su momento fue la reverencia sacra. En todo caso, no deja de ser una imposición bastante tonta que se puede hackear con un poco de savoir-faire en el terreno de la impostura y la fabricación de mitos. Tan con pinzas cojo el mito del Bolaño rebelde como el del Borges erudito. ¿Qué le vamos a hacer? Desde que decidimos que a cada obra le corresponde un autor y nos convertimos todos en mitómanos hagiografistas, a todo el que asuma el rol social del escritor no le queda más remedio que hacer un poco de Felix Krull e inventarse una biografía interesante: el autor es obra de su obra.

Y AVISO:

He empezado a trastear en archivos sobre McCondo, el Crack (el grupo literario, no la droga), y su recolocación colectiva respecto a los rescoldos humeantes del Boom, y la siempre problemática relación con la “cultura popular”. Sólo con lo que he ojeado por wikipedia y blogs, me parece que se lo han montado bastante mejor que la tropa de la nocilla afterpop y su posh-poesia. Puede que en próximos días comenté algo de esto sino me aburro antes… ¿Alguién tiene alguna idea para antes de empezar?

14 comentarios

14 comentarios en “Mitologías de autor tras la cultura de la barbarie”

  1. Pau dem Kriegeel 02 ago 2010 a las 12:35

    Benvolgut Julio!

    Vuelves a lo grande, bien.

    Tres apuntes muy rápidos:

    1) La producción cultural, si se atiene en sus planteamientos a las coordenadas heredadas que citabas (autor, mito, aura) se mantendrá, como dices, en una tensión constante canon-anticanon, cuyos extremos se necesitan mutuamente para existir. Pero me callo en este punto y cedo la palabra a Carmen Gracia: http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2217400

    2) En este sentido es paradójico como las formas extremas de impugnación del establishment artístico han generado sus mayores perfeccionamientos (del punk como contracultura extrema a Hirst como esteta del mercado y ultimate messiah del neoliberalismo). El canon no “se apropia” de sus críticos (lloriqueo manido de todo cultureta alternativo, ja en tenim prou!) sino que los cánones (sociales/políticos/culturales) se definen, en sí, como sistemas que sobreviven gracias a la incorporación de los puntos clave de sus críticos –ahí van Boltanski y Chiapello con su definición de los espíritus del capitalismo.

    3) Entonces ¿no hay salida? No, si no que nos devolvieran el dinero. Y vuelve Benjamin: un proceso verdaderamente revolucionario en la cultura exige la transformación de la propia naturaleza de la actividad cultural para extraerla de la retroalimentación constante del canon, un trabajo conceptual que sólo se puede hacer mediante la incorporación de conceptos provinientes de otras disciplinas –él habla de “politización del arte” (ojito con confundir con “estetización de la política”), Griselda Pollock habla de “transdisciplinariedad” para fusionar producción cultural y ciencias sociales en un proyecto crítico inédito. Un ejemplo muy bien encaminado, a mis ojos: http://megafone.net/ y su cartucho de dinamita en los cimientos de la convencionalidad cultural. Este proyecto altera completamente lo que entendemos por concebir, producir, difundir y consumir “arte”.

    Sé que me dejo muchas cosas, que son apuntes superficiales y que me puede el pasquín. Haber pedido muerte.

    Salut.

  2. Julioel 03 ago 2010 a las 14:47

    Jou, jou, jou…. ¿Para cuándo el bló? ¡Vaya tralla, my friend! Paso a paso:

    1) Muy buen artículo, a simple vista. Caña a Bloom sin mencionarlo. Me lo bajo y ahora luego me lo leo con calma.
    Pero me da miedo que se me malinterprete al hablar de mito. Normalmente se suele asociar el término a una especie de “mentira sofisticada”, con la que lo mejor que se puede hacer es “de-construirla” hasta dejarla en los huesos y demostrar que “todo es falso”.
    Desde mi punto de vista (y aquí me apoyo en Wu Ming, por ejemplo) el mito es un artefacto social poderosísimo, capaz de organizar, focalizar y orientar increibles masas de recursos y esfuerzos sociales. Somos carne de mito, zoon mythologicon, si me permites que me tire el moco. Igual que fue un mito la cultura helénica, el cristianismo del medievo o la pureza aria del nazismo, es un mito la historia del arte occidental (como señala esta profe tuya Carmen Gracia) o la Ilustración y la Modernidad (como repetía una y otra vez tu jefe Román de la Calle, mientras le dejaron trabajar), o la utopía socialista (Mannheim dixit). O, como decíamos hace poco a propósito de Srebrenica y el mundial de fútbol, las naciones (“comunidades simbólicas imaginadas como inherentemente limitadas y soberanas”, Benedict Anderson).
    Un discurso consistente que cohesiona y moviliza un grupo humano no tiene por qué ser inherentemente condenable o ilegítimo. Tendremos que estudiar qué grupo social crea y utiliza mitos, cómo los usa, y sobre todo para qué los usa. Un tema interesantísimo que me lleva a Brasil: la poderosísima mitología y mística del MST, desde Sepé Tiarajú, la Teología de la Liberación, hasta la lucha contra los Fazendeiros, las multinacionales y el “agronegocio”. Puede que este gran relato y mito sea uno de los factores diferenciales del Movimiento Social Contrahegemónico más importante del Siglo XXI. Cuando vengas a visitarme escribimos algo sobre ello, ¿ok?

    2) Coincido: el canon fagocitando contracultura es un “lloriqueo manido de todo cultureta (término admitido por la RAE) alternativo”. Se ve muy claro en la paranoia situacionista con la “recuperación”, que viene a ser lo mismo. Personalmente, me gusta mucho una explicación que hace Bourdieu en Las Reglas del Arte, a propósito de Flaubert y Baudelaire. Simplemente, una dinámica de la hegemonía en el “campo” con diferentes “habitus” en conflicto, a base de “envites” que ponen e juego “capital simbólico”. Lo siento por tu primo Daniel, pero me encanta la terminología bourdiana. Todavía no he podido leer con calma a Boltanski&Chiapello (fallo mío), así que de momento no tengo nada mejor… Para tu primer post espero tener a este par más machacadito.

    3) Pues sí, quin remei. Sobre todo hacer hincapié en lo de transformación constante. Les pasaba también a Tiselli y Abad cuando acababan un proyecto “tecnológicamente innovador”, al poco Nokia saca un móvil con cámara incorporada y GPS y los ayuntamientos les financian para que hagan más-de-eso, y antes de darse cuenta estás en el MOMA. Pero antes de que megafone sea cotidiano, ya están pensando en nuevos proyectos como ese que comentaban sobre los invidentes. No le pierdas la pista a Tiselli, mestre.

    Pero aparte de todo esto, que no es poco, a mi lo que me hacía especial gracia es la impostura de estos autores hackers (tricksters) que hacen lo que sea necesario para ser-lo-que-se-espera-que-sean. Bolaño me parecía un ejemplo muy claro de un tipo que ha consegido magistralmente construir una mitología de sí mismo y de su entorno (sobre todo en Los detectives salvajes), pero no por ego o por ganar el Nobel (total murió muy jóven, y tengo entendido que sus contratos con Herralde garantizaban una buena vida para sus hijos Lautaro y Alexandra). El mito del autor es un artefacto poderosísimo, que pone en juego todas los mecanismos canónicos que mencionaba Carmen Gracia. Con ese artefacto poderosísimo en el bolsillo de la chaqueta, Bolaño se viste de Amalfitano y se va a Ciudad Juárez, para escribir 2666 y meter en todas las librerías y suplementos culturales de EE.UU. los asesinatos de miles de mujeres que ocurren a diario unos kilómetros al sur de su frontera, de su muro.

    Y por cierto: todavía estoy flipando con la peli que vi ayer en la filmoteca de estiu. Esta noche la vuelven a poner, si estás por aquí no te la pierdas: Garbo, el hombre que salvó el mundo. La historia de un espía catalán durante la Segunda Guerra Mundial, que desde un despacho en Lisboa hizo creer al alto mando alemán que era un espía en Londres a base de pasarles información inventada. Trabajando para el servicio de inteligencia británico, llegó a hacer creer a los nazis que el desembarco en Europa se haría por Callais, y que ese rumor de Normandia sólo era un mecanismo de distracción. Así que gracias a la inventiva de “Garbo” tuvo éxito el Día-D y Spielberg pudo rodar “Salvad al soldado Ryan”. Sin duda, el escritor (novelista, fabulador) más relevante del siglo XX, que se quiten todos esos Prousts y Kafkas y Joyces y demás.
    Hay un video muy interesante de la peli en “Días de cine”, pero si puedes no dejes de verla. A Kike tambié le molaría un webo, salen tanques y aviones (algunos de cartón piedra).

  3. Julioel 04 ago 2010 a las 22:10

    El mito Bolaño, en un buenísimo vídeo de RTVE:

    Imprescindibles (24/07/2010): Roberto Bolaño

    El escritor André Maurois decía, ante el suicidio de Stefan Zweig:

    “Beaucoup d’hommes de coeur ont dû méditer sur la responsabilité qui est celle de tous et sur la honte qu’il y a, pour une civilisation, à créer un monde où un Stefan Zweig ne peut vivre”

    Bolaño no nos redime de esta vergüenza, pero marca un camino posible que cada uno es libre de seguir. No sólo modelo estético, sino tremendamente ético en cada gesto:

    Yo soy de los que creen que el ser humano está condenado de antemano a la derrota, a laderrota sin apelaciones, pero que hay que salir y dar la pelea y darla, además, de la mejor forma posibl, de cara y limpiamente, sin pedir cuartel, porque además no te lo darán, e intentar caer como un valiente, y que eso es nuestra victoria.

  4. Carlitoxel 04 ago 2010 a las 22:13

    Espero no ser muy duro, y no descarto haber entendido mal el post, pero el texto no cuaja, por no decir que no tiene ni pies ni cabeza. Bolaño estaba a favor del canon, “de lo contrario”, decía en una entrevista, “le vamos a dar mierda a los lectores”. Obviamente, Bolaño no protege a Bloom, sino que coincide levemente con la idea de algo que no debe tocarse ni cuestionarse.

    El canon no es un mandamiento, sino que trata de ser un reflejo del eje por el que se ha movido la literatura occidental. El problema es que Bloom cree que una idea colectiva la podrá dar un ensayista solo ante el mundo. Aquí es donde falla. Pero, en resumen, la idea de proponer un mínimo de respeto por la cultura heredada es buena, más que nada porque ahora todos copian y repiten ideas del pasado.

    Lo de Adorno es, con todos mis respetos, la idea peor entendida del siglo. Lo que está diciendo Adorno es que cualquier idea seria se convierte en cháchara porque pertenece a la cultura de consumo que promueven las industrias. Una canción pop contra la guerra de Irak es un absurdo porque (i) se escribe en un lenguaje “popular” y (ii) se pone en la radio a través de una emisora que controla una multinacional. Todo esto “grosso modo”, ya que Adorno no es fácil de desmenuzar.

    Günter Grass tiene una conferencia muy buena sobre este tema: Escribir después de Auschwitz, creo que se llamaba.

    De todas formas, por mucho que los Nocillos veneren a Bolaño (porque está muerto y tiene premios), está clarísimo que el chileno supera a todos: va por libre y no recurre a falsas “dialécticas”. Lo de Bolaño no es un mito, porque esto es operación de marketing, sino que se explica por sí solo. Los Nocillos acompañan sus obras de ochenta autojustificaciones sobre el internexto y demás basura. Sobre los otros dos grupos, no me puedo pronunciar porque no los conozco bien.

  5. Julioel 05 ago 2010 a las 21:03

    ¡Gracias por la dureza!

    Me coges a altas horas y medio pedo, déjame un par de días que le de vueltas a esto y busque el texto de Grass y seguimos hablando.

    Aquí no hay prisa ni enfado…

  6. Pau dem Kriegeel 06 ago 2010 a las 10:47

    Carlitox,

    No estoy demasiado de acuerdo con la definición que manejas de canon. En primer lugar, desconfío de “la idea de algo que no debe tocarse ni cuestionarse” (¿qué es ese “algo”?) pero sobre todo no creo que el canon sea, a secas, “un reflejo del eje por el que se ha movido la literatura occidental” y, además, creo que es muy controvertido hablar de “respeto por la cultura heredada” (en esto último evitaré entrar).

    El canon, según entiendo su definición en la cultura occidental, es eliminatorio por definición y se concibe como un medio de jerarquización cultural. En otras palabras, está completamente impregnado por estructuras de dominio. Así entiendo yo, al menos, que nuestra concepción evolutiva de la producción artística sea un pastiche de los mitos fundadores del primer capitalismo del XIX. Con los documentos en la mano, nuestra definición contemporánea de arte debe más a los objetos cotidianos tardoantiguos ofrecidos como exvotos que a la escultura figurativa clásica. Ahora bien, las esculturas de Praxíteles permiten construir un mito fundador de un relato histórico que, oh casualidad, encaja precisamente con las exigencias del mercado artístico del XIX. Es sólo un ejemplo, pero sinceramente desconfío de los baremos que definen esa “línea intocable” y por tanto desconfío de su respeto. Desde el siglo XIX se venera la pintura flamenca como culmen creativo occidental, décadas antes era despreciada. La diferencia: hasta finales del XVIII era una sociedad aristocrática quien definía el canon. La pintura protocapitalista flamenca del XVII sólo podía encontrar un germen cultural para medrar en los medios intelectuales de la primera burguesía francesa del XIX, con cada vez mayor peso en la Academia… etc.

    Con este batiburrillo de datos (lamento la superficialidad) no defiendo la actitud que acertadamente critica Julio en su comentario (“dejar todo en los huesos” con un análisis desconfiado y destructivo) sino que veo necesario no caer en el hoyo de determinados intereses de clase. Como dice Julio, el mito/canon existe. Obviar su existencia o arremeter contra él, sin más, es un volantazo contra un muro. Una actitud mucho más divertida (y si no me equivoco por ahí van los tiros de Julio) es comprender ese mito y ponerlo a trabajar en un contexto completamente diferente de para el que fue creado.

    Salut.

  7. Carlitoxel 06 ago 2010 a las 13:48

    Herr Dem Kriege, mi explicación ha sido algo pésima. En mi comentario, el punto de partida era la defensa que hizo Bolaño del canon (defensa un tanto enigmática, pues creo que casi no hay más información al respecto). He olvidado separar la definición del canon (la que usted da) de la que yo estaba describiendo.

    Cuando hablo de “respeto” y de “intocabilidad”, no quería decir que se confeccionara una lista que nadie pudiera cambiar. Yo me refiero a que hay obras que tienen una presencia más o menos “constante”, bien porque se bebe de su influencia, o bien porque pueden producir una reacción contraria.

    Cuando hablo de respeto, me refiero a que no se puede vivir de la literatura escribiendo de espaldas al pasado. No era mi intención pedir respeto en un sentido “escolástico”. El panorama a veces es desolador: cada vez se conocen peor una serie de novelas o de poemas que nadie puede cuestionar porque tienen un “peso notable” en la cultura. Al mismo tiempo, hay quien reescribe una novela sin saberlo o bien lo sabe y lo hace con cierta malicia.

    Hace poco vi que un par de escritores hablaban de “unir la ciencia con las letras”. En “Interpretation and Overinterpretation” de Eco, hay un ejemplo de unos versos de Dante que introducen el entonces novedoso concepto de las lentes (que creó Roger Bacon). El libro de Eco tiene sus años ya.

  8. Julioel 08 ago 2010 a las 19:28

    Todos los genios menstruan.
    Günter Grass, “Años de Perro”, citado en Escribir después de Auschwitz

    Interesantísimo texto de Günter Grass, que Carlitox trae a colición. No manejo mucho de Günter Grass, pero sin duda su presencia es relevante en esta conversación, como miembro de esa generación alemana de posguerra que tuvo que reinventarlo todo. Reconozco que de esos grupos he leído bastante más a Heinrich Böll , de quuien podría mencionar ahora la figura del soldado/poeta/muerto, que desde su ausencia protagoniza y centra la novela Casa sin Amo.

    Porque como decía Herr dem Kriege, lo que me interesa aquí es lo divertido de “poner a trabajar” un aparato inconmensurable -el canon, los genios, toda la mitología a la que se hace referencia en el artículo de Carmen Gracia- para fines para los que no estaba previsto. Y ya puestos, que esos fines sean lo más digno a lo que podamos aspirar. (Como Garbo el espía, que mencionaba un par de comments más arriba). Grass también menciona en este discurso como los dibujos de los expresionistas de entreguerras (Die Brücke, me encanta) hacían tambalearse las convicciones y dogmas de un adolescente fascista:

    Ante aquellas provocaciones plásticas cesaba la imperturbabilidad del joven hitleriano; no, no cesaba, se hacía permeable en un solo lugar, detrás del cual comenzaban a desarrollarse otras imperturbabilidades egocéntricas: la excentricidad sorda e imprecisa, pero constantemente aguzada, de querer ser artista.

    Y me hace gracia que lo exprese así, no refiriéndose al proceso productivo que quiere llevar a cabo, no dice “quiero hacer arte” o “quiero hacer esculturas” o “quiero hacer novelas”. Dice: “quiero ser artista”. Es decir, alusiones a la esencia del creador, alusiones al rol o a la identidad social del artista.

    El “artista” como esencia, mito o dogma que es capaz de dar la vuelta a otros mitos como la ilusión de la pureza nacional, implica automáticamente un nuevo riesgo al convertirse él mismo en el nuevo profeta (creo que me repito). Acabo de descubrir, también a partir de la conferencia de Grass, la filosofía de Gottfried Benn, que daría mucho que hablar sobre estos temas. Pero creo que Vila-Matas se acerca a este punto de una forma muy graciosa. Y cada vez le doy más importancia a la risa y el humor, así que escuchemos:

    Y aun así, no por reirnos perdemos de vista lo importante. Y si aceptamos, si toleramos la existencia del rol social del escritor como un oficio, como un rápsoda o un señor que lee y habla para el resto (y que conste que lo que está en cuestión no es la literatura, sino el oficio de escritor), es sólo apoyado en definiciones como la de Grass: “un escritor, hijos, es alguien que escribe cntra el tiempo que pasa”. Y este es nuestro tiempo:

    ¿Qué puede contarse aún cuando la capacidad del género humano para aniquilarse a sí mismo y las demás formas de vida, de muchos modos, puede demostrarse diariamente o ejercitarse en juegos de planificación? Nada más, pero la autoaniquilación atómica, posible a cada momento, enlaza con Auschwitz y da a la solución final dimensiones mundiales.

    Quien, como escritor, llega a esa conclusión -y, desde el principio de los años ochenta, la reciente carrera de armamentos la ha confirmado- tendrá que elevar el silencio a disciplina literaria o bien -y yo empecé, después de tres años de abstinencia, a trabajar otra vez en un manuscrito- tratar de dar nombre también a esa posibilidad humana, la autoaniquilación.

    Y con esto en la cabeza, me voy al sofá a releer Watchmen.

  9. [...] jurado, al consejo de ministros, o de nuevo al presidente. A esto me refería hace unos días con el “hackeo del canon” y la academia, siendo utilizado para fines que en principio no est…artesanal de la [...]

  10. [...] (nota relativa al suicidio de Stefan Zweig, precisamente en el Brasil comandado por Getúlio Vargas) [...]

  11. [...] antes de ser escrito, el ensayo de Carlos Abraham sobre Borges y la ciencia ficción, que comentábamos hace poco. Por suerte, esta posmodernidad bien entendida (es decir, sin la arbitrariedad caprichosa e [...]

  12. [...] un poco las páginas que había leído, y acabé concordando con el lector que aparece en aquel vídeo: Bolaño es un universo, sus novelas y relatos son puertas de [...]

  13. Falando no deserto » Ante Chico Buarqueel 17 dic 2010 a las 18:39

    [...] funciona según los parámetros del “Contrato Social” de la modernidad, es sólo un intento de comprender como funciona esa fábrica de mitos. Obviamente, como está haciendo Chico, para hackearla (el hacker es un malandro), para hacerla [...]

  14. [...] cosas me recordaban a algunas de las divagaciones que me asaltaban en Barna hace unos meses, siendo “Borges el gran arquitecto de un solo personaje: Jorge Luis Borges” (esta [...]

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