ene 24 2010

EAST SIDE GALLERY: ¿Multitudes venerables?

Publicado por a las 21:17 en CRONICAS,HALLADOS

De como un muro pasó de ser vergonzosamente largo a desesperantemente corto

EScribí en noviembre, desde Berlin, un post sobre la patrimonialización nacional de la turba del ’89, mientras se celebraba el XX aniversario de la caída del mauer. Después de visitar el East Side Gallery, (los restos del muro junto al Spree, en Waschauer St.), quise escribir también algo, pero hasta ahora no había podido recuperar las fotos.

Decía que lo que fue una colección de grafithis relativamente espontánea tras la turba que unificó la ciudad, es ahora una galería de museo. Esta función ejerce como generador artifical de escasez, ya que el muro, como espacio físicamente limitado, imposibilita la representación de la expresión de tods los ciudadanos o transuntes que quieren dejar en el su huella. La municipalidad de Berlin decidió, con motivo de la celebración del XX aniversario, restaurar las pinturas originales (del ’89-’90), borrando las huellas de los últimos 20 años. Aquí vemos a uno de los Artistas (legítimos) restaurando su obra:

En consonancia con toda la panoplia televisiva que descibí anteriormente, me sorperendió especialmente todo el seguimiento mediático y el bombo y el platillo que se le dio al evento. Abriendo el plano, vemos al mismo pintor posando ante las cámaras de la televisión mientras restaura su Obra:

Es cierto que la mayor parte de los añadidos de estos últimos años se han limitado a borrones del tipo “I WAS HERE”, o “QUINTOS DEL BIERZO 2008″ (sic.). Más que una reflexión colectiva sobre elsignificado del fenómeno, estos posts responden a una obsesión por la presencia. Pero tampoco tacharía de ilegítimas estas acciones. Sennett establece la presencia como una de las estrategias de adquisición de la conciencia material, de forma que la persona adquiere vínculos emotivos con la realidad material. El grito de “¡EXISTO!” puede considerarse la más urgente reivindicación del esclvo – o del ciudadano invisibilizado.

Restaurar las pinturas originales responde a otra obsesión: la ilusión de eternidad. La municipalidad querría inmortalizar un proceso (ZTA) que se erige como símbolo de identidad de la ciudad. Se adhiere al gentilicio “berliner” un aura de rebeldía y anhelo de libertad, el mismo espíritu que permitió derribar el muro aquel 9 de nov. Y este símbolo, esta imágen, se defiende aun a costa de su materialidad. Se prohibe pintar en el muro como muestra de respeto (¿sumisión?) a la gente que en su momento fue irreverente (¿insumisa?) y lo tumbó. He aquí un mural de imprentas de manos, símbolo de la multitud, en el que las manos han de ser venerables para poder permanecer en el muro:

Ordenar la entopía – jeraquizarla – para mantener la ciudadanía estable…

Imagino que poco se tardará en volver a cubrir el muro de nuevos grafitis “ilegítimos”, al mismo tiempo que brotan desde todos los muros de la ciudad infinidad de voces disonantes. Un par de calles más allá del famoso muro, encontramos esta parodia de la mítica performance de Rostropovich.

Cada historia puede ser leída de mil formas…

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