Oct 16 2009
Globalization is good?
He de confesar que flipé un poco cuando empecé a ver el documental que los indianos incluyen en su itinerario. Durante los diez primeros minutos esperé algún tipo de interrupción drástica e inesperada: algo así como un punki o un Michael Moore apareciendo desde el fondo del plano para lanzarle un adoquín o un zapato a Johan Norberg, y ya con el rubito príncipe de beckeler tirado en el suelo desangrándose por la nuca, la cámara entraría en las maquilas de Nike, en los despachos de los amigotes que se reparten el capitalismo, o en las asambleas de los sindicalistas colombianos que se alzan contra Coca-cola. Pero no, el documental terminó como empezó, y se fueron ilustrando las tésis que cuenta la voz en off en los dos primeros minutos con imágenes de Taiwan, Vietnam y Kenia. Lo malo de los documentales, basados en imágenes reales, es que siempre intentan vendernos que las realidades que muestran son La Realidad.
Ya más friamente, puedo ponerme un poco más serio para entender las ideas que se plantean en el film. Johan Norberg defiende “la globalización” (capitalista industrial y neoliberal, se entiende, la de McDonalds, Monsanto, la WTO y el FMI) contraponiéndola a un sistema mundial basado en el proteccionismo estatocentrista. Es comprensible, entonces, la utilidad de este discurso como antítesis a las primeras protestas anti-globalización, con unas tésis simplistas y poco elaboradas. Tal vez el resultado de este debate (ya algo superado) haya sido la evolución del pensamiento de resistencia frente a los abusos de la globalización neoliberal: en los Foros Sociales Mundiales de Porto Alegre, Mumbai o Nairobi ya no se habla de encerrarse en las fronteras propias como protección frente a la competencia global, sino que se plantean cuestiones acerca de la Justicia Global (orden internacional, comercio justo, asimetría de los sistemas financieros, deuda externa…). En un estado liminar que muestra como ese debate todavía no se ha cerrado, el movimiento global se dota de términos ambiguos e indefinidos: se habla de altermundismo, se deja claro que “Otro Mundo Es Posible”, sin especificar de qué mundo hablamos.
Escribí el año pasado un ensayo algo más elaborado sobre los paradigmas de estudio de la globalización, basado en una bibliografía facilitada por Pepe Adelantado (UAB) en el módulo “Estructura i Cambio Social”, destacando autores como Manuel Castells, Leslie Sklair, S. Strange o Saskia Sassen. A ese texto me remito para un análisis más profundo de eso-que-se-llama-globalización-y-de-lo-que-todo-el-mundo-habla-pero-nadie-sabe-exactamente-lo-que-es.
Sólo apuntaré algunas ideas sobre el video de Norberg, que por lo demás me parece bastante infame…
Por un lado, me llama la atención la facilidad con que se ligan los cambios en el sistema económico (hacia el capitalismo global) con cambios en el sistema político-ideológico (hacia la democracia del estado-nación y los valores pro-derechos humanos). En este caso su análisis se posiciona cerca de Peter Berger y Samuel Huntington (Globalizaciones múltiples, comentado en el ensayo señalado en el apartado “Esfera Ideológico-Cultural: ¿consumismo o faculty club?”). En este libro, Berger&Huntington explican la expansión de la cultura occidental con el par conceptual “cultura de Davos” (lo referente a la economía capitalista) y “cultura del faculty club” (lo referente a ideología y valores pro-derechos humanos). Según ellos, la expansión de la primera dará lugar al auge de la segunda, creándose así un mundo capitalista pero justo y armónico. Cuando la realidad contradice sus propuestas, alegan que “lo que pasa” es que se da un “consumo no sacramental” de los valores del faculty club. Es decir, tenemos “demócratas no practicantes” como también hay “católicos no practicantes”. Según esto, aprovecho para declararme “vegetariano no practicante” mientras me acabo mi bocata de jamón.
Una explicación más sencilla de esta aparente paradoja (¿economía de mercado capitalista sin democracia global? ¿cómo es posible?) la encontraríamos en el análisis cultural de las prácticas económicas, como hace Pekka Himanen rescatando la “ética protestante” de Weber, o leyendo la carga ideológica del consumismo, como hace Leslie Sklair. Visto así, es más fácil comprender que una cultura basada en la jerarquía piramidal, la dominación y explotación de recursos humanos y naturales, y la búsqueda de la felicidad en el individualismo y el materialismo, no dé como resultado unas prácticas coherentes con los Derechos Humanos que decimos defender.
Por otro lado, el tratamiento que se hace de las Corporaciones Transnacionales (CTN) no me parece del todo adecuado. Como venía siendo habitual, se trata a estas corporaciones como si sus intereses y valores culturales estuvieran directamente vinculados con los Estados Nacionales en los que emergen (normalmente, EE.UU., Europa, u otras regiones “centrales”). Se pierde de vista la total autonomía de las CTN, “el capital nómada”, con intereses propios, dotados de órganos propios para la diplomacia o la defensa (funciones sobre las que, tradicionalmente, el estado ejercía el monopolio legítimo). Esto impide que sean analizadas con rigor las interacciones que puedan darse entre agentes estatales y no-estatales.
El caso de las Empresas Militares Privadas protegiendo atuneros en Somalia es un caso claro de los límites del monopolio estatal de la fuerza. Si el ejército tuviera que embarcar soldados en cada barco de pesca, estaría realizando una enorme inversión pública para dar cobertura a lo que son intereses estríctamente privados. ¿A cuánto nos saldría el atún? ¿Tendríamos que correr con el coste incluso los ciudadanos que no comemos atún? ¿Tiene realmente el Estado Español, intereses militares en Somalia? Leo, via David, el artículo de Jesus Pérez Lobo sobre este tema:
Si la palabra militar acompañada de privada genera suspicacias y se exige que la seguridad que reciban los pesqueros sea dada por las fuerza armadas lo que tenemos es un debate subyacente sobre dónde terminan los intereses estratégicos nacionales de España y dónde comienzan los intereses particulares de empresas españolas.
Esto son sólo algunas de las cosillas que se pueden ir pensando sobre “la globalización”. Un asunto jodidamente complejo, “la globalización”.

La gracia del neoliberalismo es su uso descarnado de la falacia ricardiana en sus peores formas. Tomar por ej resultados de un mercado en competencia perfecta (donde sólo hay pequeños productores) y aplicarlo a mercados monopolísticos.
Pero sinceramente, al mismo grado de simplismo y deshonestidad intelectual lo encontrábamos en ese momento en sus reversos: el “Foro Social Mundial”, la “Vía campesina”, el indigenismo y sus mensajes reaccionarios (producción local, desindustrialización, veto al comercio internacional… cuando no “decrecimiento”).
Tenía escrito un comentario medio troll, medio ingenioso… y lo he borrado pensando ¿para qué?… Mateo, VII, 6
De manera un tanto apresurada, te felicito por el post y prometo leerme en cuanto pueda el ensayo que escribiste y que citas más arriba.
Con respecto al comentario anterior, estoy de acuerdo en que en ocasiones el neoliberalismo abusa de ciertas hipótesis ricardianas pero también creo que hay que tomárselo más en serio de lo que algunos hacen hoy en día (sus bases económicas e incluso éticas [véase el concepto de libertad negativa] no son tan fáciles de rebatir aunque doy por supuesto que es muy posible construir y proponer una alternativa seria).
El “decrecimiento” es un concepto muy mal titulado pero que creo que apunta en la buena dirección. Cuidado con tildarlo alegremente de “reaccionario”. No lo es. Ni mucho menos. Lo reaccionario puede ser seguir produciendo de tal modo que sólo el 20% del planeta pueda permitirse tal lujo (y tampoco está claro que esto sea cierto en el largo y medio plazo…).
El decrecionismo es reaccionario por definición. Producir menos y para menos gente, con una obsesión brutal por la “gente que sobra” según ellos, que mire usted que casualidad que coincide con chinos e indios…
Y noo, no hablo a la ligera, creo que más bien lo haces tú
http://lasindias.net/indianopedia/Decrecionismo
Insisto en que andemos con cuidado con el decrecimiento:
1. La idea de “producir menos…” suele acompañarse de otra(s) coletilla(s): “y mejor / para vivir mejor”. El proyecto es más profundo que pedir simplemente el decrecimiento de la producción material. Podría incluso darse un “crecimiento”, pero basado en otro tipo de actividades: las autónomas (por oposición a las realizadas en el marco estatal o mercantil).
2. Los “decrecionistas” son los primeros en defender que países como la China o la India tienen derecho a un mayor crecimiento que les permita mejorar su situación actual. Decir lo contrario sería, en efecto, hipócrita e insostenible. Pero precisamente, ese punto posiblemente lleva a replantearse seriamente la manera en que nosotros, 20% privilegiado del planeta consumimos. Si todo el mundo viviese como yo, harían falta 4 planetas (vergonzante huella ecológica calculada hace no mucho tiempo). De hecho hay grandes representantes de la Economía Ecológica (Manfred Max-Neef, por ejemplo) que defienden la teoría del umbral: hasta cierto punto (claramente superado por los países “desarrollados” y aún lejos del nivel del tercer mundo [incluyendo China e India]) hay una relación positiva entre PIB y felicidad o bienestar de la gente.
3. Creo que el “problema demográfico” no es algo que subryaen sólo los “decrecionistas”. Es un dato que plantea serias cuestiones en el futuro y con el que hay que lidiar a la hora de pensar en nuestra manera de consumir y de vivir. Al menos mientras sigamos contando con sólo un planeta.
Para los que hablen francés, me parece que esta es una excelente entrada para comentar rápidamente los problemas y los aciertos del “Decrecimiento”:
http://alternatives-economiques.fr/blogs/gadrey/2009/10/08/la-decroissance-idees-fortes-terme-ambigu/
Creo que aquí nadie habla a la ligera. A veces es complicado exponer la visión de una persona en diez o quince líneas. En todo caso me sorprende que el link de arriba sobre decrecimiento no hable de Serge Latouche o de otras personas que en Francia están llevando a cabo una tarea seria y rigurosa sobre el concepto. Tengo la impresión de que en ocasiones nos quedamos con las facciones más “panfletarias” y menos serias de la idea. Una lástima. Estoy convencido que, cuanto menos, la propuesta “decrecionista” merece ser debatida y tomada en serio. Quizá el primer punto del debate debería ser cambiar su nombre…
David, en 17 Octubre, 2009 a las 8:03 dijo;
“Y noo, no hablo a la ligera, creo que más bien lo haces tú”
Álvaro, gran respuesta a tamaño desafío. Zas!
[...] estaba todavia rumiando el relato, salte el debate sobre decrecionismo en los comentarios de un post de Julio, porque esta es una de las cosas que no me han gustado demasiado. Me parece que los experimentos, [...]
¡Madre mía! ¡me ausento un momentito y se lía la de Dios!
Como nodo geodésico entre Álvaro y David (dos comentaristas de los que alegran y enorgullecen con sus visitas, de los que dan ganas de seguir postendo) me veo moralmente obligado a mediar en el debate. Además, yo tamé vull dir la meua. Descarto de entrada la idea de que cualquiera de los dos “hable a la ligera” ni goce con la dialéctica erística de schopenhauer, lo que hace muy atractivo este debate.
Lo primero que me ha chocado es el alterno uso que se hace entre “decrecimiento” y “decrecionismo”. Puede parecer una chorrada el puntillismo, pero los conceptos se construyen con el uso (y las contextopedias) y este tipo de detalles puede ser muy relevante. ¿Alguna idea al respecto?
Sobre la página de la indianopedia, descubro fascinado la potente idea de una sociedad red producto de un “deicidio en serie” (potente, digo, casi en términos estéticos, edípicos).
http://www.lasindias.com/cambio-climatico-historia-de-un-deicidio/
Y no es algo que me llegue de nuevo, la idea de la espectacular escatología climática, sobre todo como excusa para el avance de las disciplinas y el recorte de las libertades.
Pero como siempre, me veo atrapado en el paradójico nudo del relativismo epistemológico. No me veo capaz de negar que nuestro ritmo de producción y consumo (en términos globales) es excesivo y peligroso. Veo el consumismo como ideología hegemónica, como pilar fundamental del simulacro y herramienta básica de un sistema generalizado de dominación.
Desde este punto de vista, el decrecimiento me parece una muy buena propuesta, al menos desde un punto de vista de orientación personal en la vida cotidiana. Consumir menos para vivir mejor, un eslogan bastante razonable, aunque sea posible plantearlo a la inversa: lo importante es vivir mejor, y tal vez para ello halla que consumir menos.
Por cierto, Diego, he buscado lo de Mateo VII, 6:
“7:6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.”
¿Algún matiz adicional, o explicación al respecto?
Muy interesante el debate, y difícil pretender un consenso en un tema tan amplio y complejo como el de la globalización y sus alternativas.
Coincido sobre todo en la duda, de manera que encuentro lógica la oposición al modelo de crecimiento neoliberal imperante (con todas sus implicaciones sobre agotamiento de recursos, falta de una “justicia global”, deslocalización del capital, obligado alijeramiento del papel del estado, etc.) pero también considero que las alternativas que puedan existir fuera y dentro de este modelo merecen una reflexión más pausada.
Es verdad que no parece muy compatible con la realidad observada el ideal de una evolución perfecta del binomio “capitalismo – democracia”, pero alternativas como el “decrecionismo” también parecen encerrar sus propios peligros: por ejemplo ¿dónde residiría ese poder que decide cuales son los países a los que permitir aún un crecimiento? Si no hay manera de conseguir un acuerdo multilateral, ni siquiera cuando la ONU trata de resoluciones que no implican ningún cambio real…
En todo caso espero que este debate siga creciendo porque, de nuevo, aunque no se llegue a ninguna meta en forma de conclusión, el camino se pone cada vez más interesante.
¡Bueno, me quito el sombrero ante el artículo y los comentarios!
La imagen de capitalismo y democracia cogidos felizmente de la manita es, desde mi punto de vista, lo que más cojea del documental de Norberg, porque no veo que haya ninguna relación entre que las corporaciones actúen como contrapoder de los estados y que ese contrapoder tenga intereses democráticos. Como mínimo tendrá interés en un sistema que otorgue a la gente un poder adquisitivo lo suficientemente alto como para consumir a tope, y sin que lleguen a ejercer un poder político que pueda poner en peligro sus prácticas y negocios.
(El maniqueísmo y simplicidad con que Norberg trata a los movimientos antiglobalización también tiene delito, pero no tengo mucho mucho más que añadir a lo dicho en los comentarios.)
Un sistema que “otorgue a la gente un poder adquisitivo lo suficientemente alto como para consumir a tope, y sin que lleguen a ejercer un poder político que pueda poner en peligro sus prácticas y negocios”. Creo que es exactamente el ideal de ese par capitalismo-democracia, en el que el conflicto se arranca del terreno productivo y se teatraliza en un proceso limpio, transparente y lleno de fair play. Recuerda inevitablemente a Foucault, al discurso humanista sobre la soberanía:
“El humanismo dice: si bien tú no ejerces el poder, puedes sin embargo ser soberano. Aún más: cuanto más renuncies a ejercer el poder y cuanto más sometido estés a lo que se te impone, más serás soberano”.
http://www.lasindias.net/indianopedia/El_nacimiento_de_la_modernidad_en_Foucault
[...] embargo, pese a ponerme bastante nervioso la versión parodiada y estereotipada que se hace de la turba de Se…, la que me parece todavía más maniquea e interesada es la presentación de las Corporaciones [...]