feb 12 2011
Hiper-histriónicos
Con eso del internet en la literatura, (y la literatura electrónica, y el transmedia, y la webliteratura y sus miles de variantes retóricas) a veces se chilla mucho. Algunas impresiones recientes (aviso que estoy un poco de mala hostia):
Descubría hace poco el montaje que están haciendo unos brasileiros sobre Nikolai Ivanovich Krapotkin. En principio me gustó la idea, la construcción de un autor (mítico) como punto de arranque para un montón de historias, apoyarse en los legendarios Perecs y Queneaus para inventar un precursor ruso-brasileiro del hipertexto. Inevitablemente, todo me remitía a Vladimir Karabatic. Pero hackeo (de las estructuras mitológicas del canon) de momento poco. Y de poco sirve usar un portal MediaWiki si no lo vas a abrir para edición (que no digo yo que tengan que abrirlo y correr el riesgo del desbarajuste, pero si no vas a usar MediaWiki como una Wiki, podrían haber usado un wordpress que es más bonito y manejable. La apariencia wikipedia, si no la puedes editar, resulta decepcionantemente falaz cuando intentas subvertir algo como lector). Y, ciertamente, la intro del site sobraba: esa música de trailer de Hollywood o promo de la Champions me resulta muy estressante y me pone a la defensiva, como si un vendedor de enciclopedias llamase a mi puerta y empezara a relatar virtudes de un crecepelos milagroso. Definitivamente, odio el flash, y odio el marketing y odio la propaganda estridente.
Coincidiendo con el KOSMOPOLIS-11 del CCCB, algún directivo de hipermédula ha tenido la feliz idea de organizar un concurso #twitteratura. Es difícil ser más bobalicón. Atiende a la descripción del sarao… Después de “el advenimiento de las nuevas tecnologías” dan ganas de dejar de leer. De entrada no soy muy fan de twitter (aunque últimamente un poco adicto con rabia sí), pero en fin, si es la fragmentación, la posproducción, el linkeo y el montaje rizomático lo que nos mola, no entiendo a qué viene esa busca de “los mejores 140 caracteres”. Sería como organizar un concurso de pedreros para buscar el mejor ladrillo de la catedral. Y a todo esto, seguimos dando por supuesto que hay algún tipo de leyes secretas que jerarquizan las secuencias de 140 caracteres, haciendo que unas sean mejores que otras. Y el juicio final, de nuevo, en manos de los gestores de las “plataformas culturales” y los sites molones. Con mucho flash, moviéndose todo el tiempo. El flash es el neón de las pantallas, twitter las avenidas de Las Vegas. En fin, con el escaso coste de un iPad para “los mejores 140 caracteres”, los de hipermédula se están haciendo con un enorme rebaño de followers (y un socióloguillo impostor que hace como que no le interesa pero en la práctica también followea), que parece que era lo que pretendían, así que olé.
Y por volver a Kosmopolis, más conferenecias en streaming (el otro día sufrí muchísimo con un entrecortado Groys, mejor leerlo y dejarse de destellos, que al final vamos a acabar todos epilépticos) esta vez Henry Jenkins. Creo que ya he hablado más de una vez sobre Jenkins, así que no voy a seguir renegando, que se me acaba la bilis. Sólo dejo un video, dedicado al tipo que ve en la fan culture y los twitters, youtubes y facebooks, la panacea democratizante para salvar el mundo (“y a los niños en África y todo eso”):
Putaquepariu… Soy fan de los fans. Suerte que con videos como este me río un rato, porque sino me tiraría la tarde dando vueltas en la web autorreferente y vacía del Kosmopolis (cortina de humo! cortina de humo!).
Suerte que en la bibliotheka he encontrado Dublinesca, la última de Vila-Matas. El protagonista es un editor “de toda la vida” arruinado por “el Apocalipsis digital” (él dice que no es Herralde, ejem). Paradójicamente, seguramente ese editor-de-toda-la-vida esta enfrentando el Juicio Final (o las animadas colas del INEM) por culpa de tipos como yo, que se bajan e imprimen en locutorios los pdf que otros tipos previamente han saqueado a Seix Barral (ojo, el pdf tiene hasta las marcas de corte, los márgenes son una delicia para rayar y anotar) y colgado en 4share para disfrute del personal (pero ssshhhhhhh!!). Si Vila-Matas no se riera de eso, lo perseguiría por las calles de Sa Rápita hasta encontrarle y decirle muy serio y grave que le retiro la palabra. En fin, la solución del editor-de-toda-la-vida no podría ser más acertada: celebrar un funeral por la era Guttenberg en Dublín, un día de Bloomsday (o Doomsday). Y que no falte la calma y la levedad, relájense, señores, que el apocalipsis es cosa de nuestra época, pero también lo fue de todas las anteriores épocas y lo será de todas las épocas futuras. Y gracias, Messiaen, por darnos algo que escuchar (Hambre, Guerra, Peste, Muerte; Violín, Piano, Clarinete, Cello), eternamente tranquilos en el fin de los tiempos.

Julius, se agradece la colleja al histrionismo tecnológico. A mí también me revientan bastante las presentaciones en flash que han venido a salvar el mundo o la ilusión (nada inocente) de que por el hecho de escribir poemillas en twitter todo es super guay y da igual que se mantenga toda la estructura jerárquica de mistificaciones y cánones y jerarquías y veredictos. Buf. Buf. Buf.
El otro día leí un textito de Jacques Rancière (no tengo a mano la referencia, lo busco y rulará) en que se faltaba a muerte con esta clase de mitologías de la modernidad: la Tecnología salvadora. Na na na, dice Rancière: el cambio social precede al potencial transformador de la tecnología. Si no hay egipcios dándose de hostias con la policía en las calles dudo que haya nada que twittear. Ahí va el tema: el campo de estudio no son los transmedia-postleches-blabla que se pierden en sus propias pajas mentales y fascinaciones tecnológicas -el meollo está en el espacio tenso y cambiante que se genera entre la tecnología y los grupos sociales.
Otrorollopalacaja. Abraçada!
[...] unas semanas, Julio despotricaba, cargado de razón, contra el hiper-histrionismo que celebra la cibercultura como una panacea idealizada sin detenerse en los matices (muchos [...]
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[...] (y nada más) reproduzcan “los resortes literarios de la complejidad”. Decía hace poco, algo lleno de bilis: …algún directivo de hipermédula ha tenido la feliz idea de organizar [...]
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