jun 25 2009
Iba a decir que deberían hacer una película sobre el juicio de Pablo Soto…
«No deliberadamente, pero a la vez queriéndolo, deberíamos vivir el presente de tal manera que el futuro sea lo más rico posible en pasado.»
J. Cortázar, Papelitos.
Juro que no es premeditada la recurrencia a este mundo de sabotajes y guerrillas tan potencialmente mitológico que es el P2P, el devolucionismo y el copyleft y todas esas cosas. No sé como pasó, yo simplemente paseaba por blogs de inocentes científicos sociales y otros académicos y poco a poco iba encontrando cosas que al principio me emocionaban y luego me iban cabreando más y más. La hiedra ya no es lo que era cuando los tiempos de la Ivy League, ahora es fantásticamente rizomática y paseable y salvaje, y andar campo traviesa con un machete es tan. Casi sin querer darme cuenta caí en el twiter de David Bravo, (Copia este libro) pero me fui a su blog que en realidad es algo que me enriquece (o yo creo que me enriquece y por tanto me enriquece) y que me entretiene más, y entonces empiezo a leer todas las peripecias e ironías tan cojonudísimas de la curiosa pareja, el abogado y el friki, en un juicio rodeado de todos los elementos imprescindibles de un gran relato (perdón Lyotard) de la épica contemporánea, cosas que he comentado en otros sitios y recuerdan a un Espartaco de Kubrik o un Galileo de Brecht o directamente un jesucristo garcía.
Ya me estaba imaginando las articulaciones de la trama, la presentación y forja de los personajes como si fuera un Sigfriedo Nibelungo, aquellos maravillosos años de programación utópica, de búsqueda filosofal de la “solución elegante”. La alianza rebelde, los alquimistas.
Y justo enfrente el imperio antagonista, Goliath y Darth Sirius con todo el elenco de siniestros ayudantes: el gacetillero tendencioso adalid de las corporaciones mediáticas (como el sacerdote oráculo de una religión con cada vez menos creyentes); los directivos gañanes trolls que no saben que hacer con tantísimo dinero; el astutísimo abogado rival que “sólo-hace-su-trabajo”, con el estilo aséptico pero infalible y el cinismo de un asesino a sueldo, digamos Leon, “el profesional”…
Ya estaba pensando el reparto, me era fácil imaginarme sobre todo los villanos, tan grotescamente cómicos, con cuidado de que la parodia no suavice el contenido profundo de puro mal. Ya estaba abriendo un Word para empezar a esbozar un guión o una novela, temblando un poco la pleura de saber que esa carga épica que ya decía, que la batalla por la propiedad intelectual y la libre circulación de la cultura es la punta del iceberg de una guerra mucho más grande, o una hebra suelta de una tremenda maraña (por cambiar la metáfora de Hemingway que no me acaba de gustar, demasiado vertical y demasiada gravedad y densidades y demasiada línea de flotación estable en el 89% en todo eso del Iceberg). Sería un gran mito, del estilo de un Enric Durán o un Malcom X o un Luke Skywalker. El individuo valeroso pero pequeñito y sólo contra un aluvión de mierda que se lo merienda con seguridad, una personita a la que de repente empieza a apoyar turbas y se empieza a hacer la luz. Porque si PROMUSICAE fue a los tribunales con un caso indefendible era sin duda con la estrategia del miedo y del pisotón del elefante sobre la hormiguita, esperando que ante tamaño presupuesto en abogados y tamaña cifra de 13 millones de euros el miedo y la soledad y la deprimencia acabará haciendo mella en ese chaval que, al fin y al cabo, en su cabeza no deja de ser un friki cerebrito que en su momento tuvo suerte. La batalla legal era sólo una dramatización de la latente guerra social que se está librando (pero no busques esta guerra en tu televisor). Y de repente lo insospechado, y la película terminaría, como yo mi hipertextual paseo, con el apoteósico video que cuelga Pablo en su blog. Qué subidón.
Por eso me ha parecido que ya no hacía molestar a nadie para meter en una sola línea un relato en estrella que sobrepasaría de lejos cualquiera de mis ataques. Es este rato ya he fabricado mi película al tiempo que la iba viendo, por cierto mucho mejor película que cualquiera que estuvieran poniendo en televisión seguramente alguna aburridísima patraña de la Sinde (no podía dejar pasar la oportunidad de tirar mi piedra). Un bonito puzzle efímero y reticular, que en todo caso se puede intentar contar como he hecho ahora, pero cada uno construirá el suyo porque sino qué aburrimiento… Y yo tan tristemente en ciernes de un examen obligado a estudiar como creían Berger y Luckmann que se construía la realidad hace 40 años. Suerte de todos estos pensamientos laterales, que dice Pablo, la utopía del Petaflops.
Seguiré siguiendo la evolución autónoma de este crisol.
Animos, y mis mejores deseos para Pablo Soto.
