feb 03 2009

KRAPP’S LAST TAPE

Publicado por a las 19:06 en COMENTARIOS,Literatura

Tabla de contenido de Palabrear

  1. KRAPP’S LAST TAPE
  2. Livro do desassossego: 12

KRAPP’S LAST TAPE

Llegué a esta pieza breve de Beckett por un cúmulo de casualidades. Hacia finales del pasado verano estaba en Oporto, y pensando que no tendría muchas ocasiones de estar frecuentemente en grandes ciudades de Porutgal (considero grandes ciudades de Portugal Oporto y Lisboa, las demás no tienen ese estatuto o yo no lo considero así) dediqué una tarde a buscar por las librerías el livro del desassossego. Era domingo, y yo hacía la digestión de una enorme “Francesinha” (otro día os explico de qué va esta filigrana gastronómica) así que no tuve mucho éxito. Al final robé unas ediciones de bolsillo de la Fnac da Rúa Catalina, no iba a pagar una cosa tan pobre. Por el camino, vi en un escaparate la portada de un libro interesante, interesante sobre todo por la foto de portada: Falar no deserto: estética e psicologia em Samuel Beckett, de Armando Nascimento da Rosa. La librería en cuyo escaparate vi este libro estaba cerrada.

Volví a Oporto en navidad, de camino a Vigo. Encontré el mismo libro en la Feria do Livro de Natal en Oporto. Como esperaba, nadie se lo había llevado. El ensayo en cuestión, es una mirada hermenéutica que no descarta la función poietica de la crítica. Mezcla elementos de la Teoría Estética de Adorno, el psicoanálisis de Lacan o el primer Freud, y la hierologia gnóstica del Pessoa ensayista, para leer desde este triple fulcro las piezas All that fall, (1956), Krapp’s last tape (1958), y Happy days (1961). Todavía no lo he leído, quería primero dirigir las obras.

Así que este viernes, después de un examen (criminal) de técnicas estadísticas para el análisis vectorial, saqué Krapp’s Last Tape de la biblioteca de humanidades de la UAB. Lo leí en inglés (entendí una parte) vi la adaptación cinematográfica que se incluye en Beckett On Film (Este es uno de mis tesoros físicos más preciados, una colección de DVDs con adaptaciones de casi todas las obras dramáticas de Beckett, que editó el Irish Film Institute con motivo de no se qué celebración. Cuando estuve en Dublín no paré de molestar a mis compañeros hasta que lo encontré, y entonces ya pude irme tranquilo a los pubs a beber pintas negras) y, cuando creía que lo había entendido casi todo, me bajé una traducción castellana en .pfd desde la web www.bibliotheka.org. Entonces sí que lo entendí todo.

La historia es cruda. Es mía.

En mi opinión, es una reedición del Doktor Faustus, un “escritor” (no está muy claro si escribe o sólo graba, en todo caso tiene una misión importantísima indeterminada) que renuncia a la vida neta y todo lo que esta le pueda proporcionar, para permanecer aislado en su cuchitril haciendo lo que él haga. El juego de luz, con un foco concentrado enfocando el perímetro de una mesa cajonera, y la oscuridad envolviendo todo lo demás, permite al personaje unas dinámicas dentro-fuera tan interesantes como las que pudiera orquestar Victor Storaro en Apocalypsis Now, con el deslumbrante cabezón de Marlon Brando adelante-atrás-adelante-atrás. Es la soledad dinámica que desencadena en hieratismo. También es muy gracioso el juego de los plátanos, pero ese no lo desvelo.

En todo caso, si escribo aquí sobre la última cinta de Krapp es por la identificación, otra vez la identificación con esta historia, la dicotomía Arte Vida, Ficción Realidad. Yo creo que conseguí una respuesta, pero no podré intentar explicarlo hasta que Eduard Rabán se ponga a ello y edite digitalmente un drama que me ha dado a leer. Pero digo, decía que me sentí identificado mientras, solo en casa (mis compis de piso estaban en Bologna, malditas, yo quiero ir a Italia) veía como Krapp dialogaba con una edición grabada de sí mismo, escuchaba su voz registrada treinta años antes, despreciaba a ese “stupid bastard” que había sido él treinta años antes, cuando despreciaba al “stupid bastard” que fue veinte años antes de hace treinta años. La memoria, la grabación técnica de la memoria. La voz. Las palabras.

Porque entre esa monótona triste vida desprovista de temblor que lleva ese viejo que se desprecia y come plátanos, lo único que se mueve y que reluce son palabras. Dice, mientras busca entre sus cajas un carrete:

Box three, spool five. (He bends over the machine, looks up. With relish.) Spooool! (Happy smile. He bends, loads spool on machine, rubs his hands.) Ah!

Y luego, grabando su mensaje diario en el que sólo ya sabe que recordar y despreciar lo que fue, porque en el día a día casi no se mueve y sólo come plátanos, destaca:

(Pause) Revelled in the word spool. (With relish.) Spooool! Happiest moment of the past half million. (Pause.)

Y después de verme repitiendo como un tonto la palabra spooool, buscándola en el diccionario, volviéndola a repetir mientras el actor del DVD decía “Spool” interpretando las palabras que había escrito Beckett y yo volvía a repetir spooool… después de todo eso, me fui a escribir en una libreta las notas que ahora uso para redactar esto. Y al dejar la libreta despreocupado en la mesa, cae encima del Libro del desasosiego (en castellano, traducida por el mismo Ángel Crespo que tradujo la Commedia) que una amiga robó de la Fnac de Valencia cuando le conté que no lo había encontrado en la Fnac da Rua Catalina. El libro, marcado en la nota doce, dice:

12

«Me gusta decir. Diré mejor: me gusta palabrear.(…)

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