sep 01 2009
LA CODICIA DEL NHAMUSSORO (Primera Parte)
Tabla de contenido de La codicia del Nhamussoro
- LA CODICIA DEL NHAMUSSORO (Primera Parte)
- LA CODICIA DEL NHAMUSSORO (Segunda Parte)
El intercambio es problemático desde que hay acumulación: de objetos como capital, de sujetos como poder, de mensajes como saber (y, en consecuencia, de tiempo como historia). Para comprender la sociedad hay que renunciar a acumular. Hay que jugarse la propia supervivencia para asegurar la supervivencia del conjunto.
Jesús Ibáñez, El regreso del sujeto.
Con motivo de las Jornadas Internacionales “Identitats Ambivalents”[1], pude escuchar la conferencia de un profesor de Antropología de la Universidad Paris X Nanterre[2], en la que se relataron hechos que conmovieron profundamente a un espíritu blando y bondadoso. Tras comentar el caso con un par de amigos, excitando con ello más mi curiosidad, decidí investigar sobre los detalles del caso, estudiando la bibliografía y los documentos a los que se hicieron referencia, así como las actas de las reuniones de la comisión de la UNESCO que propusieron el trabajo de campo y las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que aprobaban la Misión de Paz que hizo posible todo lo acontecido.
Los hechos referidos sucedieron entre los años 1980 y 1983, durante una “misión de campo” encargada por una comisión conjunta de la UNESCO y la Universidad de Nanterre. En esta misión el citado profesor debería desplazarse a la región de Niassia en el interior de Mozambique, próxima a la frontera con Malawi. Era esta una misión considerada rutinaria, de las que todos los antropólogos son instados a realizar al menos cada dos años, con el fin de mantener actualizados los conocimientos propios de su ámbito de especialidad. El citado profesor, continuando la investigación que ya comenzara con motivo de su tesis doctoral, preveía la convivencia con los poblados nómadas bantúes, que viven en perpetuo desplazamiento por amplias áreas entre Mandimba, Lichinga y Metangula, con una economía de subsistencia mixta que combina la ganadería bovina y la pesca de bajura en el Lago Niassa. Mediante el presente estudio, como decimos, se pretendía pormenorizar el conocimiento de los ritos iniciáticos propios de las religiones animistas de este tipo de sociedades. En anteriores años de estudio de campo el profesor había había llegado a dominar los dialectos bantúes XiTsonga y ciNyanja, lo que le permitió crear verdaderos vínculos de confianza con los sacerdotes locales. Desde sus primeros contactos con las tribus bantúes, siempre se había hospedado en la tienda de alguno de los “grandes hombres” del clan, siguiendo las indicaciones metodológicas de Malinowski que aconsejaban crear un clima adecuado para la observación, instalándose por completo en el seno de la tribu y alejándose de toda influencia de cualquier hombre blanco. Para esta última misión, sin embargo, se alojó en la base militar de la misión de paz de la ONUMOZ[3], en las afueras de la urbe de Lichinga. “Con el tiempo descubrí”, comentaba jocoso, “que no hace falta convivir con mosquitos, batracios e indígenas para conseguir informaciones valiosas”.
Así pues, esta vez sus estudios de campo se limitarían a visitas puntuales a los diferentes clanes.
A su llegada a la base, preguntó al sargento al mando (originario del ejército de Angola, dialogaron en portugués) si tenía alguna información reciente sobre los movimientos de estos grupos nómadas. El sargento pareció no comprender, le informó de la situación: la zona entre Lichinga y la frontera con Malawi “no está asegurada”. Los clanes que el antropólogo solía estudiar “se han alzado en armas uniéndose a la sublevación del RENAMO[4]“, “toda la región está calificada como altamente inestable”, e “incluso los reporteros de las agencias internacionales evitan desplazarse hasta allá”[5]. El sargento le dijo que era mucho más segura la zona del sur o la costa, y le ofreció la posibilidad de incorporarse a alguna de sus patrullas de reconocimiento. El antropólogo declinó la invitación. El sargento insistió “recalcando el ambiente bélico de baja intensidad que se registraba en las zonas recomendadas, pensando que este ambiente propicio permitiría al profesor XXX desarrollar su trabajo”. Según contó, al antropólogo le llevó un tiempo hacer entender al sargento que él no era un reportero, que no le interesaba fotografiar muertos y mutilados, y que lo que necesitaba era entrevistarse con unos grupos muy concretos de esa región. Le mostró la acreditación de la Universidad y de la UNESCO, y los salvoconductos de la ONU, la embajada francesa y el ministerio mozambiqueño. No quedó muy claro cual de estos documentos fue el que persuadió al sargento, pero el caso es que el antropólogo consiguió que se le cediera un jeep y un chaleco antibalas.
La mañana siguiente el antropólogo recorrió los caminos habituales hasta dar con el primer grupo de pescadores en las riberas del Lago Niassa. Estos se alarmaron al ver el acrónimo de la ONUMOZ en el jeep blanco, y corrieron hacia las barcas varadas en la orilla para empuñar dos rifles automáticos AK-42 (los conocidos “Kalashnikov”). Apuntaron al vehículo sin llegar a abrir fuego, ya que antes reconocieron los gritos de saludo del “profesor francés” que solía visitarlos con cierta frecuencia. Guardaron las armas. Debemos decir aquí que la concepción de la temporalidad en estas tribus ágrafas es diferente al nuestro. “Un periodo de dos años, que a nosotros puede parecernos muy largo por nuestras perspectivas de linealidad del tiempo y finitud de la existencia tras la muerte, no es muy diferente de un lapso de tres meses desde una perspectiva temporal cíclica, propia de gente que considera ínfima su propia existencia en relación a las bastas llanuras desérticas de la sabana de Mandimba”[6]. Así pues, en cuanto reconocieron al profesor, le saludaron como a un viejo amigo que acaba de regresar de una breve estancia en el extranjero.[7] Luego, los pescadores le llevaron al campamento, donde sin demora fue a saludar al viejo Nhamussoro[8], que oraba sentado en la penumbra de su tienda. La llegada del profesor sacó al Nhamussoro de su éxtasis. En cuanto le reconoció comenzó a saltar y reír, buscando entre sus objetos los utensilios necesarios para la libación de la sura[9]. Mientras bebían, mantuvieron una grave conversación extendida hasta la caída del sol.
Hay que señalar, como el propio antropólogo apunta en sus escritos[10], que en la tribu nunca se llegó a comprender por completo la función de la investigación etnográfica. Nadie en la tribu entendía exactamente que pretendía el “investigador de campo”, inquiriendo constantemente acerca de las ceremonias místico-religiosas, las plantas y los huesos. Esta constante curiosidad y meticulosidad en el acopio de información hacían que se considerase al profesor un homólogo occidental del Nhamussoro, cuya misión era el intercambio de secretos y objetos sagrados.
Así pues, la llegada del profesor fue considerado un presagio de bienaventuranza y prosperidad en los momentos de incertidumbre bélica. Tal como apuntó el sargento angoleño, las tribus bantúes se habían organizado, declarando la guerra conjuntamente al ejército oficial mozambiqueño. Las causas de la guerra civil eran múltiples e inciertas. En su conferencia, el antropólogo no supo dar una explicación consistente, y realmente tampoco mostró un excesivo interés por las aristas de este complejo conflicto. Tampoco ningún asistente preguntó en este sentido. Por lo que he podido hallar en la literatura sociológica y politológica[11], se habla de una actitud de connivencia constante del ejército oficial respecto a las potencias coloniales (principalmente Portugal, pero la presencia de corporaciones transnacionales francesas creció desde la declaración de independencia). Según parece, las iras concretas de estas tribus estaban relacionadas con la explotación minera de sus territorios (diamantes, metales pesados).
La conversación que el profesor mantuvo con el Nhamussoro concluyó con una importante revelación. Con ojos húmedos de ebriedad, el Nhamussoro declaró que ya nada temían, la victoria era segura. Todos los ejércitos extranjeros y desleales serían repelidos por las propias fuerzas naturales del país. El antropólogo inquirió. Se interesaba profundamente por esa cosmovisión holista, que vinculaba a las tribus con sus ecosistemas hasta generar relaciones que podrían ser consideradas de parentesco. El antropólogo suponía una estrategia militar que aprovechase la orografía del país, perfectamente conocida por las tribus nómadas. El Nhamussoro rió seco ante esa hipótesis. “Ese es el error del hombre blanco, que ha sido contagiado a los que ahora no son más que sus esclavos. No aprovecharemos el país, como hace la gente de fuera. Nosotros, los XiTsonga, nacimos aquí, entre el polvo y el agua, no somos diferentes que las llanuras o los mjncuáncuá[12], somos hermanos de pájaros y penembes[13], somos uno con los xipocoj[14]. Dentro de poco, la comunión será total, y el ejército extranjero no sólo tendrá que luchar con los XiTsonga, o con los CiNyanja, o con las otras tribus. Tendrá que luchar contra el país, porque nosotros seremos el país“. El antropólogo preguntó si tenía pensado realizar alguna chissila[15] sobre el ejército enemigo. El Nhamussoro bajo la mirada y negó. “Nada les haremos a ellos. Seremos nosotros, nosotros dejaremos de ser los pobladores para ser el país. Lo haremos todos juntos, en un único Xicuembo[16]. Con la bendición del padre Nkanhu[17], nuestro pueblo se unirá a la tierra y siendo uno solo expulsaremos a los agresores.”
Según me cuentan, al llegar a este punto el antropólogo detuvo la conferencia y pidió que se encendiera el cañón del PowerPoint. Le pasó a un asistente un pendrive y, bloqueando el micrófono con la mano, pidió que abriera unos archivos gráficos.
[1] Universitat Autónoma de Barcelona, Facultat de Ciències Socials, Departamento de Antropología Social, 5 de Desembre de 2008.
[2] Por motivos de ética profesional omitiremos el nombre de dicho profesor, dejando a la libre disposición de cada uno la posibilidad de indagar sobre la identidad de esta eminencia.
[3] ONMUMOZ: Misión de las Naciones Unidas en Mozambique.
[4] RENAMO: Resistencia Nacional de Mozambiqueña. Principal partido de la oposición frente al hegemónico FRELIMO (Frente de Liberación de Mozambique), partido único en el poder desde 1975.
[5] Extractos del informe ONUMOZ16905/72, firmado por el Sgto. Etienne Mbono, al mando de la Misión de Paz de la ONU en Mozambique entre los años 1979 y 1984.
[6] Extracto de Seremos el país (1986, Paris: Nanterre Prense Universitaire), estudio etnológico sobre el rito iniciático colectivo que se dieron en estas tribus bantúes en los años que estamos relatando.
[7] El saludo ritual XiTsonga consiste en esparcir un puñado de arena sobre los hombros del recién llegado y a continuación escupirle en la frente. La simbología estructural es evidente: el anfitrión devuelve al desposeído su tierra, su viento y su agua
[8]Concepto similar al de sacerdote o hechicero, conocedor de las propiedades de las plantas y guardián de los huesos de los ancestros, que son venerados y usados en ceremonias adivinatorias.
[9] Sura: Aguardiente hecho con la pulpa de la palmera, de potentes efectos narcóticos. El uso de diferentes substancias psicotrópicas es una constante en las ceremonias animistas bantúes.
[10] Seremos el país, op. cit.
[11] James K. Gasana, (1993) Les conflictes politiques al Afrique. (Paris: Hachette).
L. Uwizeyimana, (1996): “Crise du café, faillite de l’Etat et implosion sociale du Rwanda”, GEODOC, N°42, Université de Toulouse – Le Mirail.
M. Yared, (1994): “La rivalité France-USA et la tentation angolaigne”, Arabies N°94, p. 12-14.
A.A. Mazrui, (1995): “The african state as a political refugee: institutional collapse and human displacement”. International journal of refugee law, special issue, Summer 1995. p. 21-36.
[12] Mjncuácuá, plural de Ncuácuá: Árbol de fruto. Nombre científico: Strychnos madagascarensis.
[13] Penembe: Varano anfibio, habita en las riberas del curso alto del Nilo y en la orilla occidental del lago Niassa.
[14] Xipocoj: Espíritus de los ancestros. La presencia de los xipocoj en la estructura social de la tribu es de suma importancia. En la vida cotidiana, se les trata como un miembro vivo del campamento: se mantienen conversaciones, se les reserva un puesto en el círculo, se cuenta con su opinión en las asambleas públicas…
[15] Chissila: Maldición.
[16] Xicuembo: ritual iniciático, por el que el adolescente deja de ser un menor de edad y pasa a ser miembro integrante de la tribu. En este caso, el Xicuembo colectivo hace referencia a la total integración de las tribus bantúes en el ecosistema que les alberga. No existe constancia de ningún precedente semejante a esta ceremonia iniciática colectiva.
[17] Nkanhu: Árbol solitario, propio de zonas áridas, separado de toda otra forma vegetal. De su fruto se extrae la bebida usada en ceremonias tradicionales bantúes. Por el carácter psicotrópico de su esencia, es considerado un árbol sagrado por la mayoría de tribus del Norte de Mozambique. Nombre científico: Sclerocarya birrea.
