sep 09 2009

LA CODICIA DEL NHAMUSSORO (Segunda Parte)

Publicado por a las 19:59 en CRONICAS,HALLADOS,NOTICIAS

Tabla de contenido de La codicia del Nhamussoro

  1. LA CODICIA DEL NHAMUSSORO (Primera Parte)
  2. LA CODICIA DEL NHAMUSSORO (Segunda Parte)

Pero antes hubo fotos de recuerdo con una cámara de esas que dejan salir ahí nomás un papelito celeste que poco a poco y maravillosamente y polaroid se va llenando de imágenes paulatinas, primero ectoplasmas inquietantes y poco a poco una nariz, un pelo crespo, la sonrisa de Ernesto con su vincha nazarena, doña María y don José recortándose contra la veranda. A todos les parecía muy normal eso porque desde luego estaban habituados a servirse de esa cámara pero yo no, a mí ver salir de la nada, del cuadradito celeste de la nada esas caras y esas sonrisas de despedida me llenaba de asombro y se los dije, me acuerdo de haberle preguntado a Óscar qué pasaría si alguna vez después de una foto de familia el papelito celeste de la nada empezara a llenarse con Napoleón a caballo…

Julio Cortázar, Apocalipsis en Solentiname.

Mientras esperaba a que se cargara el cañón de proyecciones, el antropólogo continuó su relato sobre aquel estudio de campo. Tras su charla con el Nhamussoro, pasó unos días en el campamento XiTsonga tratando de recabar datos precisos sobre el cuándo y el dónde del Xicuembo colectivo. Con los mapas conceptuales de las diapositivas, explicaba detalladamente la importancia de esta ceremonia. Existe mucha documentación sobre ceremonias de iniciación y ritos de paso, por los que un adolescente de la tribu abandona su estado infantil para pasar a formar parte de la comunidad como un miembro en pleno derecho. Según el esquema clásico de Van Gennep[1] (1909) se estructuran estas ceremonias en tres fases: a) Separación; b) Marginalidad; c) Agregación. La fase “marginal” es la más interesante, ya que en ésta los individuos se encuentran en un estado “liminar”, viven en un espacio hierofánico indefinido, donde ocupan posiciones orgánicamente ambiguas, ambivalentes. Lo relevante del caso, de darse – continuó el antropólogo – consistía en el carácter colectivo de este Xicuembo. Puesto que se trataba de una comunidad completa la que celebraba el rito de paso, el simbolismo de agregación debía hacer referencia a una comunidad más amplia que la propia estructura social de la tribu. Interpretando las palabras del Nhamussoro ciñéndose a la significación atribuida (perspectiva emic), debía interpretar que la tribu se preparaba para integrarse en el ecosistema en su conjunto, pasando a formar parte del mismo en igualdad de condiciones con la flora, la fauna y la orografía endémica del territorio. Por supuesto, esto no es más que una lectura del mito en los términos que plantea el sistema cultural XiTsonga. En ningún caso debemos interpretar esta estrategia como algo más que una simple estructura cognitiva. El científico social, concluía el antropólogo, no puede esperar resultados sobrenaturales de las ceremonias mágicas.

Pero el Nhamussoro parecía reacio a permitir la presencia del antropólogo en su ritual. Lo único que consiguió fueron algunos datos vagos acerca de un estado de la luna y un Nkanhu milenario. Decepcionado, se retiró a Lichinga para descansar unos días en alguno de los complejos hoteleros de la ciudad. Pero el antropólogo, dijo, debe saber ser flexible en la planificación de su trabajo de campo, no derrumbarse ante los inconvenientes y saber aprovechar las oportunidades fortuitas. Para ilustrar esto, el antropólogo contó como bajó esa noche al bar del hotel, y como en ese entorno de lujo y caras blancas afeitadas y perfumadas sintió curiosidad por aquel individuo, a todas luces fuera del ambiente general. Negro mozambiqueño, vestía una camisa abierta con las mangas arrancadas y unas polvorientas botas militares. Entabló conversación con él. Hablaba un francés rudimentario, pero se entendían. Bebieron. Pese a que era el antropólogo el más interesado en obtener información sobre el sujeto singular, aquel hombre hablaba poco, y finalmente la conversación acabó en un monólogo aburrido en el que el antropólogo explicaba sus sufrimientos en la universidad de Paris, sus batallas académicas en el departamento, los objetivos del viaje y cómo la documentación del Xicuembo colectivo podría cambiarlo todo. Al escuchar esto último el tipo arqueó las cejas mirando fijamente al antropólogo. ¿Un Xicuembo colectivo? Sí, de toda la tribu. ¿Los XiTsonga, los que se han unido a la RENAMO? Sí, eso he oído. Esos XiTsonga son unos prehistóricos. Cavernícolas. Muy sucios. No tienen piedad en el combate, siempre con sus ceremonias místicas, capaces de hacer cualquier cosa al cuerpo de un soldado abatido. Tan supersticiosos como sucios. Sí, muy sucios, tendrías que ver qué letrinas, qué campamentos… Los dos ríen. ¿Y cuando es ese Xicuembo? No lo sé exactamente, no quieren que vaya, los muy… Avariciosos, muy avariciosos, y supersticiosos, no quieren compartir su sabiduría con gente extraña. Sólo me han dicho algo acerca de una fase de la luna… lo tengo aquí apuntado, no conozco este calendario. Déjame ver… ¿Sabes dónde será? Euhhh… tengo apuntado algo en el cuaderno de campo, aquí, algo de un Nkanhu milenario.

El tipo se levanta sin decir nada y se dirige al fondo de la barra, llama desde el teléfono público. Habla rápido, en sla shichangana[2]. Aquí el antropólogo recalcó la importancia de conocer los diversos idiomas hablados en el área de especialidad: el Xicuembo se celebraría dos días después en un árbol solitario en el centro de una meseta en las laderas del monte Binga.

Cuando terminó su llamada, el hombre volvió frente a su cerveza. Ansioso, el antropólogo le preguntó si sabía cuando y donde se celebraría el Xicuembo, fingiendo que no había entendido sus palabras. Sí, pero prefiro que no vayas, si quieres yo puedo sacar algunas fotos y, si te gustan, podrás comprármelas. El antropólogo mostró agradecimiento, pero insistió en acompañarle. La documentación siempre es mejor si se realiza in situ. No, no vendrás con nosotros; los XiTsonga pueden ser peligrosos.

Finalmente el antropólogo cede, resignado por la pérdida de este valioso informador y acompañante, pero aun sabiendo que podrá ir por su cuenta. Se ofrece a pagar sus consumiciones, indicándole al camarero su número de habitación para que apunte las Heinekens y los Ballantines a su cuenta. El hombre rehúsa, saca un fajo de billetes enrollados y deja unos cuantos en la barra. Al guardar de nuevo sus billetes, el antropólogo puede ver el acero brillante de la culata de un 9 mm Parabellum[3].

Al día siguiente, el antropólogo se dirige al lugar solo, con su jeep de la ONUMOZ. La noche anterior al Xicuembo acampa un par de kilómetros al sur del punto marcado. Estudiando los mapas, decide que durante el día siguiente se aproximará caminando, intentando evitar que los XiTsonga le detecten. Piensa que, en todo caso, lo peor que le puede pasar es ganarse la enemistad de esta pequeña tribu y su sacerdote, y los XiTsonga no son más que uno de las cientos de tribus nómadas que integran su ámbito de especialidad. La tarde previa al Xicuembo consigue instalarse en un cerro distante, entre unos matojos que crecen a la sombra de unos árboles, de forma que, con su teleobjetivo, puede observar toda la ceremonia sin ser visto. Al ocaso empieza a escuchar tras el horizonte los ecos de los cantos XiTsonga, después ve la tribu acercándose en procesión como una única hilera de hormigas. En el Power Point se proyecta esta primera fotografía.

Las siguientes fotografías muestran bailes elípticos alrededor del Nkanhu; luego al Nhamussoro cortando con su puñal la corteza del árbol, trazando un surco en espiral alrededor del tronco, dejando un recipiente (la cáscara de un fruto) al final de este surco; el antropólogo explica que esto lo hace para recoger la savia del árbol. Luego: cada miembro de la tribu cavando un hoyo en el suelo, con sus propias manos y pies, algunos orinan en el suelo para ablandar la tierra endurecida. El antropólogo giraba el cuello para ver sus fotografías, señalando con un puntero de luz para ampliar sus explicaciones, gesticulando emocionado con la voz temblorosa ante esas fotografías que habría visto tantas veces en los últimos veinte años. Toda la tribu cavando tumbas alrededor del árbol Nkanhú. El antropólogo dice que no entendía nada, pero fotografiaba fascinado sin parar. Las siguientes diapositivas mostraban a todos los XiTsonga (hombres, mujeres, jóvenes, niños, ancianos) introduciéndose en sus respectivos hoyos, tapándose con arena y dejando sólo la cabeza expuesta al viento. El antropólogo habla de la fase marginal del esquema de Van Gennep. Luego: el Nhamussoro distribuyendo entre las decenas de cabezas tragos de la sabia del Nkanhu; luego: toda la tribu en letargo y el Nhamussoro bebiendo y enterrándose hasta la cintura, entrando también en el sueño delirante y comatoso que producía esa ingesta.

Unas horas después del anochecer, llegó el hombre del bar; no llegó solo. La siguiente diapositiva mostraba una columna de jeeps y vehículos blindados, con lonas negras cubriendo los flancos[4]. Desde mi asiento entre el auditorio, quise pensar que el Xicuembo lograría la magia, que la siguiente fotografía mostraría un ejército de hormigas carnívoras devorando al invasor, que las hojas del Nkanhu se dispararían como esquirlas desgarrando a los soldados y sus fuertes ramas atacando partirían blindajes y arrancarían los miembros a los enemigos de los XiTsonga. Pensé que la siguiente diapositiva mostraría abismos en la tierra engullendo a los uniformados, columnas de humo subiendo de los vehículos. Pero nada de eso pasó. El antropólogo dice que supo que el hombre del bar estaba entre ellos porque, entre los hombres armados con metralletas y machetes, entre el ruido de las balas y el fulgor de los filos reflejando luz de luna, distinguía claramente, desde su posición, los destellos del flash de una cámara fotográfica.

¿Le compraste las fotos?, preguntó alguien del auditorio. El antropólogo primero miró asombrado al estudiante que preguntaba. Después bajó la cabeza e hizo un gesto al asistente, ordenándole que mostrara la siguiente diapositiva. Cabezas brotando del suelo como calabazas, en primer plano. El antropólogo ya no giraba la cabeza, ya no comentaba las diapositivas. Las mismas cabezas acribilladas. Mientras a su espalda seguían pasando imágenes de la matanza de los XiTsonga, el antropologo explica que a raíz de esta estancia en Mozambique publicó dos estudios, el ya citado Seremos el país[5], análisis estructural de una ceremonia inciática colectiva, con especial atención a los vínculos de una sociedad con su ecosistema; y Guerrilla posmoderna en Mozambique[6], sobre el sadismo y la violencia dados en esta guerra, explicados por la acción combinada de factores como el animismo tradicional africano y el racionalismo económico occidental. Soldados uniformados (rostro oculto en la fotografía) recogiendo del suelo y apilando cabezas cercenadas. Gracias a estos dos estudios, continuó el antropólogo, conseguí mi cátedra en Paris X, y unos años después mi mención honoris causa. Soldados uniformados (rostros ocultos en la fotografía) rociando de gasolina una pirámide de cabezas humanas. El antropólogo bajo el micrófono y se quito las gafas. Llamas. El Nkanhu ardiendo. Desde mi posición en la primera fila del auditorio pude escuchar como el viejo antropólogo murmuraba: nunca tuve claro cual de los dos estudios fue más determinante. Una pirámide de cabezas humanas ardiendo. Una pirámide de cabezas humanas siendo reducida a cenizas. Cenizas arrastradas por el viento. Fin de la presentación.

NOTAS


[1] GENNEP, ARNOLD VAN, (1909), Los Ritos de paso: estudio sistemático de las ceremonias de la puerta y del umbral, de la hospitalidad, de la adopción, del embarazo y del parto, del nacimiento de la infancia, de la pubertad, de la pubertad, de la iniciación, de la ordenación, de la coronación, del noviazgo y del matrimonio, de los funerales, de las estaciones, etc. Versión castellana de Juan Aranzadi, Madrid : Taurus, 1986.

[2] Sla shichangana: uno de los idiomas propios de Mozambique, hablado aproximadamente por un 11,4% de la población.

[3] 9mm Parabellum: también llamado 9mm NATO, calibre de pistolas semiautomáticas de uso muy extendido, tanto en cuerpos militares oficiales como en guerrillas paramilitares o empresas de seguridad privada. Su nombre deriva de la máxima latina “Si vis pace, para bellum”. Existe abundante bibliografía politológica sobre la presencia de compañías militares privadas en conflictos periféricos, ver, por ejemplo:

POZO, P. “Las compañías de seguridad privadas como nuevo actor en el ámbito de la paz y seguridad internacionales: actividades y marco jurídico”, en Antonio Blanc Altemir (ed.) El proceso de reforma de las Naciones Unidas, (Madrid: Tecnos, 2009), pp. 373- 395

[4] En esta parte de los vehículos debiera encontrarse, de existir, el acrónimo que indica a qué cuerpo militar pertenecen. Pese a que la distancia de las fotografías impide identificar con precisión el tipo de vehículos, podemos establecer ciertas similitudes con los BTR-70, vehículo frecuentemente usado por las Naciones Unidas en sus misiones de paz.

[5] Seremos el país (1986), Paris: Nanterre Prense Universitaire.

[6] Guerrilla posmoderna en Mozambique (1984), Paris: Nanterre Prense Universitaire.

Un comentario

Un comentario en “LA CODICIA DEL NHAMUSSORO (Segunda Parte)”

  1. [...] de Macondo como se rompía el encanto edénico de la fotografía, en el genial cuento de Cortázar Apocalipsis en Solentiname: “En Apocalipsis en Solentiname, Julio Cortázar indaga en las posibilidades del arte en [...]

Trackback URI | Comentarios RSS

Escribe un comentario