nov 29 2007
La fábrica de poemas
Un ejército de 29 soldados de plomo que conquistará el mundo.
Guttenberg
El director de la fábrica de poemas encadena una tarea con otra. El único momento del día en el que permite a su cabeza desconcentrarse es al llegar a su despacho, cuando se afloja la corbata tras cerrar la puerta, y arranca una hoja del calendario de mantras de encima de su mesa.
“En un principio fue el bosque, de éste se hizo papel, y de éste fuego.”
En un principio fue bosque… bueno, eso habría que planteárselo. ¿Qué entendemos por bosque? ¿Muchos árboles? Por lo que yo sé, en un principio fue una maraña de fuego y lava lo que había, y eso si me pongo científico, porque lo que me decían en el colegio era bastante diferente. Pero vamos a ver… eso del bosque ¿Quiere decir que cuando había bosque era mejor? Porque cuando yo llegué aquí había bosque, sí, pero era un bosque de mierda, un montón de matojos, vamos, para nada era el bosque de praderas y coníferos que nos imaginamos que es el bosque de las películas. Y un montón de gente muriéndose de hambre, de eso también me acuerdo. Que les pregunten a los “hombres del bosque” si no les ha venido bien la fábrica. ¡Todos encantados!
Y de éste se hizo papel… bueno, eso no es del todo cierto. El tipo que escribió esto no debía tener ni idea de economía. ¿Para que me voy a poner yo a fabricar papel, con lo caro que sale, y encima tener que pagar todas las multas ambientales? Pero si los chinos venden el papel a kilos, prácticamente regalado. Que va hombre, que va. Que voy a ponerme yo ha fabricar papel… bueno, igual el mantra se refiere a la humanidad en su conjunto, vete tú a saber, con estos filósofos orientales… venga, vamos a hacer un esfuerzo de abstracción y pensar que se refiere al mundo, o a la especie humana, que sé yo. Pues tampoco tiene sentido. Anda que no hay cosas más importantes que el papel. La tinta, por ejemplo. A veces sale más cara que el papel. No recuerdo bien… ¿Cuál fue el resultado de aquel estudio que encargué? Creo que la proporción ideal eran treinta versos por página, en verso libre, pero nunca más de endecasílabos. Sí, sí, eso era. La de dinero que tirábamos en tinta cuando nos dio por la prosa… así que el papel no es tan importante.
Bueno, y lo del fuego ya sí que es una salida de madre en toda regla. ¿Fuego de qué? ¿Se refiere a fuego en plan mal, en plan caos, destrucción y todo eso? Venga hombre. Pero si nos va fantástico, a los del pueblo, a los trabajadores, a los lectores… todos contentísimos. Vale, no todos se pueden cambiar el coche cada dos años, pero tampoco se van a quejar. Total, por lo que hacen… A lo mejor se refería a fuego en plan bien, en plan hoguerita y chimenea, en plan calorcito en invierno. Eso puede ser. Pero como metáfora, claro. Porque ahora ya no hacemos fuego quemando papel, ni bosques. Bueno, no hacemos fuego, que coño. Encendemos la calefacción y punto. Es que es eso, esta frase no tiene sentido, vaya cadena de acontecimientos se ha montado el chino de turno. Hacemos papel del bosque para quemarlo. ¿Somos tontos?
La alarma de su reloj le recuerda que el tiempo de pensar ha acabado. Hora de volver al trabajo. Hace una bolita con la hoja del calendario y la tira a la papelera. Luego se aclara la garganta, se ajusta la corbata y se da una vuelta por la fábrica, asegurándose de que todo funciona. Los tres trabajadores del pueblo vigilan de cerca a los monos en sus jaulas, que bien amaestrados aporrean las máquinas de escribir, apretando con una frecuencia determinada la tecla “espacio” y la tecla “intro”. Todo va bien en la fábrica.

Make love, not war!