sep 27 2009
La mística ciberiana: tecnochamanes y transeúntes.
Me ha tomado mi tiempo, pero ya he acabado de empezar con Ciberia (Douglas Rushkoff, 1999). Aunque la velocidad crucero de este itinerario es bastante más trepidante de la que tengo por costumbre, me ha gustado detenerme en cada recoveco del universo ciberiano, siguiendo el sendero de Rushkoff (uno entre los muchos posibles) en lo que se presenta como un infinito universo hipertextual.
Los items centrales están muy bien comentados en este post. Principalmente, se trata de un intento de documentar una radical revuelta ontológica y epistemológica. El abandono definitivo del mecánico universo newtoniano, del conocimiento positivista y la verdad inamovible regida por rígidos nomotetas. Se acaba la lógica de la causalidad lineal -el control, al fin y al cabo- y se entra en el terreno de los fractales, los bucles reiterativos y el azar – el terreno del caos.
“La idea de que la realidad es algo que puede ser creado con la imaginación, pues de todos modos es la raíz de toda realidad.”
En esta apertura a nuevas formas de conocimiento, a nuevas formas, por tanto, de construcción de la realidad, la espiritualidad y la actividad mística aparecen como hábiles contrabandistas ampliando las fronteras del conocimiento establecido y la realidad asumida. Ciberia se plantea como un terreno atemporal y trascendente, sagrado, usando la terminología de Mircea Eliade.
“Ciberia es el lugar donde va una persona que se dedica a los negocios cuando emprende una conversación telefónica, el lugar donde un guerrero chamánico va cuando viaja fuera de su cuerpo, el lugar donde un bailarin de acid house va cuando experimenta el gozo de un trance tecnoácido. Ciberia es el lugar al que aluden las enseñanzas místicas de todas las religiones, las tangentes teoreticas de todas las ciencias y las especulaciones más arriesgadas de todas las imaginaciones.”
Estas experiencias trascendentes (hierofanías) sugieren una exploración de terrenos cognitivos que normalmente quedan fuera de nuestro alcance. Como en los paseos por “el país de los elfos”, observando las ramificaciones de un árbol o una pequeña estatua se puede llegar a conclusiones que nunca hubieran sido esperadas. De igual forma descubrió en sueños Mendeleiev el sistema de ordenación de la tabla periódica. En este terreno el explorador entra en contacto con unas reservas milenarias de conocimiento (“campos morfogenéticos”) en el que las ideas y el aprendizaje se ponen en común. Esto me sugiere una especie de autoconocimiento (como La interpretación de los sueños de Freud) a un nivel intersubjetivo: ¿el inconsciente colectivo de Jung?
Pero me gustaría pensar un poco sobre las vías de acceso a este espacio místico. En este punto, creo que se presentan algunas oposiciones.
El punto central es la presencia o ausencia de la figura del chamán. Esta figura, característica de las sociedades complejas con especialización funcional y división del trabajo, representa una barrera de acceso a los campos morfogenéticos (¿un generador artificial de escasez?), sembrando el germen de posiciones de autoridad y redes centralizadas. Un ejemplo claro, aparte de los dj’s autoproclamados tecnochamanes, lo representa el periodista R.U. Sirius que dirige la revista Monde 2000, decidiendo que ideas (memes) aparecen o desaparecen en “el faro de Ciberia”. Teniendo claro que es mediante el intercambio de ideas como se construye la realidad, esa posición privilegiada supondría la omnipotencia en la creación de realidades (ontogénesis).
Sin embargo, entendemos que ninguna revista puede crear nada si nadie la lee, al igual que un misionero sería bastante ridículo evangelizando en el desierto. La realidad se crea en comunidad, la experiencia mística de los campos morfogenéticos solo es posible con una comunidad activa que la alimente y la recree. El chamán propone y el transeúnte dispone. ¿Es posible un acceso libre, errático y sin mediadores, al universo ciberiano? ¿Se perderían los transeúntes, o el propio campo morfogénetico es a la vez territorio y mapa, el lugar a explorar y las claves para hacerlo?
En este punto, la oposición entre el LSD y el MDMA me parece bastante ilustrativa, al menos tal como se representa en algunos pasajes del libro. Se relaciona el LSD con un “viaje heroico”, con su estructura prometeica de ida y vuelta, ascenso-vuelo-caída al clásico Ícaro style. Tras el dolor del regreso, se dice, se puede reintegrar en la vida cotidiana lo aprendido en el otro lado. Sin embargo, “el éxtasis no te manda tan lejos”. Con esta droga se mantienen durante el trance las habilidades sociales y de relación, se posibilita un delirio intersubjetivo sin anular la identidad de los individuos (eso se dice). Tal vez esto se relaciona más con un acceso lúdico al espacio sagrado, no con una intención de “robar el fuego de los dioses para dárselo a los hombres”. Se trata, con el M, de integrar la experiencia mística con la vida cotidiana, no de incrustar en los mismos patrones aprendizajes externos. Se trata de deshacer el dualismo antagónico, no de saquear un lado a beneficio del otro.
Volviendo al papel de los tecnochamanes como gestores del espacio sagrado, encontramos en la mayoría de los casos unas motivaciones vinculadas con el espacio profano: ya sea perfeccionar un algoritmo para programar un software, salvar el mundo del holocausto nuclear o la catástrofe ecológica, o mantener la viabilidad económica de una revista periódica. Sin entrar en juicios éticos sobre estas motivaciones, simplemente se aprecia cómo en determinados casos esta motivación extrínseca acaba agrediendo la identidad y cohesión del campo morfogenético. Es el fenómeno que se observa con la música house, cuando al “convertir en trendy la regla de oro”, esta se transforma en un producto industrial contradictorio con la identidad primigenia de la idea (hipertextualidad, sampleado, conectividad intersubjetiva, libertad de los individuos… creo que el presente del house ibicenco no se podría definir con estas características). Creo que en muchos casos la intención es utilizar ciertas vías reiterativas, como la dinámica del mercado, para difundir ideas y formas de vida totalmente antagónicas, tal y como se describe en los últimos capítulos sobre “las trincheras de Ciberia”:
“La apropiación de los hilos de los aspirantes a titiriteros de la sociedad para atarse los dedos y liberar a las marionetas equivale a una declaración de guerra.”
Al situar la batalla en los campos conceptuales nos metemos en terrenos altamente resbaladizos, peligrosas arenas movedizas. También Jim Morrison se consideraba chamán, y sabemos como acabó. Peligroso el error de confundir medios y fines, el mismo error que mató a Kurt Cobain. Todo depende de cómo se integren esos conocimientos, del alcance y poder transformador de los campos morfogenéticos. O todo cambia, o no cambia nadie. Ya lo he dicho, el chamán propone, pero son los transeúntes quienes disponen.
(Espero releer todo esto dentro de un tiempo, tras haber profundizado en los conceptos como plurarquía, filés, o democracia económica, que de momento sólo conozco superficialmente).

Desde luego es una muy buena lectura y un gran post. A lo que viene después hace fundamentalmente la idea que comentas de la ruptura del orden (a las finales, orden identitario) y sobre todo la idea de la multiplicidad de vías para generar significado (vuelta a la identidad y necesario link a los juegos de rol) que conducirá al hambre de un nuevo tipo de comunidad basada en el conocimiento. Ciberia prepara el mundo, el imaginario del hacker, crea un terreno para su ethos, del que nacerán luego la explosión bloguera y la filé… pero no adelantemos demasiado
Bueno el post!!!
Sabes lo que me pasaba a mí cuando leía todo eso del M. y de la cultura House? Daba la impresión que desde Leary hasta el House, Bay estaba intentando de hacer una cronología, una especie de inventario de toda esa búsqueda y no podía evitar pensar en tanta gente perdida con eso de jugar en terreno equivocado…
Cuando empiezas a intuir (yo estoy en esa fase) que hay una manera de ser libre sin recurrir a las drogas o a la necesidad de un chamán iniciático (léase como metáfora) Que la libertad es alcanzable por uno mismo, expandiéndose por otros medios… Desde luego que por el conocimiento ¿no? como dice David, pero es más. Como una actitud previa que te permite empaparte de todo ¿no?
No sé si suena muy místico, dejémoslo en “cuestión de actitud”
Julio,
de nuevo la mística. De Mircea Eliade hablaremos. Pienso apoyarme en tu post cuando llegue a Ciberia. Enhorabuena por tu trabajo.
[...] la Sociedad de la Información cuando el movimiento hacker, que tal como se presentaba en Ciberia no eran más que unos exploradores movidos por su curiosidad y afán de superación, entran en una potente dinámica de empoderamiento (empowerment), ya que en este contexto de [...]
[...] comunitarista y la esfera autónoma simbólico-espiritual parece encontrarse en una especie de mística distribuída, ejercida por pluriespecialista, en ausencia de gurús, tecnochamanes y académicos, alejadas de [...]
Qué interesante, yo de la lectura de Cibera me había quedado con la idea de que el (tecno)chamán era más bien un facilitador que no se pretendía situar por encima de los demás. En cambio, el enfoque que le das aquí me ha recordado a los mumis y al riesgo de volverse dependiente de ellos para llegar a la abundancia.
Sobre lo que comenta Nuria, yo también creo que uno es capaz de liberarse a sí mismo (es más, como cantaba Bob Marley ), pero siempre manteniendo el contacto con nuestro entorno. De otra forma estaríamos hablando de puro ermitañismo u ostracismo o, en el caso colectivo, de fanatismo religioso, autarquía o nacionalismo.
[...] frente a la clásica visión del Ulises. Pero sobre este arquetipo, insisto en mis dudas: ¿Son necesarios tecnochamanes para volar al otro lado, no somos suficientes cinco mil luciérnagas, cinco millones de transeúntes anónimos invitados? [...]