jul 14 2009
Los Premios Turia: cuando la industria cultural es mala, es muy mala.
Ya me fui al lugar reflexionando sobre lo que iba a ver. Se conoce la cartelera Turia por ser un referente de la cultureta valenciana, políticamente izquierdosilla moderada (SOE y colaboradores, tampoco se vayan a ir muy lejos), que cogió mucha fuerza en la transición y hoy subsiste, lógico dado el clima político general, gracias a las fuerzas reacias al régimen. Así se presenta la Turia. Pero la Turia no deja de ser una cartelera: un “filtro” que vive del desconocimiento ajeno, una plataforma que genera opinión entre sus adeptos, evitando que estos la generen por sí mismos. Lo que es una cartelera, vamos, un “generador artificial de escasez” contra una “lógica de la abundancia”. Esto es inevitable en un sistema cultural industrial, basado en la lógica mercantil de la oferta y la demanda, donde un grupo de “productores” tiene que competir por el tiempo y la dedicación de muchos “consumidores” llenándoles orejas y ojos con sus cosas, y además hacer dinero. Y el paripé de otorgar unos “Premios” (unas estatuillas de un Halcón Maltés) no responde más que a esta misma estrategia, como cualquier Oscar o cualquier Goya o Cannes, o Espigas de Valladolid o Conchas de San Sebastián…
Una de las cosas de las que me di cuenta es como este circuito de festivales y premios (publicidad y propaganda, al fin y al cabo) funciona como un sistema autoreferente, al más puro estilo de los sistemas lingüísticos de Saussure y Barthes. Decía Nacho Vigalondo, irónico, cuando le daban el premio a la Opera Prima por Los Cronocrímenes:
“Es muy bonita la estatuilla, no como las que dan en los premios de los pueblos, que normalmente son placas con el escudo del pueblo o diseños horribles de cerámica. Pondré este premio en la estantería buena, junto al Oscar que no gané y junto al Goya que no gané”.
Con esto, decía, medio-en-broma-medio-en-serio:
“Esta película es tan buena como para un premio Turia (que es más importante que los premios-de-pueblos), pero no tanto como para un Goya o un Oscar (que son la rehostía de premios)”.
Un sistema para cualificar y clasificar productos y productores, un tamiz propio de un sistema jerárquico centralizado (un sólo ranking homogéneo, que no admite discusión). Y si un mensaje publicitario se distingue de cualquier otro mensaje por su función principalmente persuasiva, específicamente orientada al consumo, ¿qué es todo esto sino publicidad? ¿Un anuncio de dos horas? ¿No es el Planeta uno de los anuncios literarios más caros, pero totalmente rentable según la lógica de costos-beneficios? ¿No ha quedado ya claro que esto es una industria?
Y esta claro cual es el modelo cultural de un acto en el que la invitada principal es la Ministra de Cultura, Ángeles González Sinde. Que conste que si no le tiré una chancla nada más verla fue porque iba con mi padre, al que habían invitado, y me pidió explícitamente que por favor no la montara. La ministra apareció por allá rápidamente, le dio el premio a José Luis Sampedro, saludó a Carmen Alborch, y se volvió en coche a Madrid (no pasa ná que la gasofa la pagamos nosotros). Eso sí, un traje monísimo. Si era realmente necesario que la autoridad política se desplazase para leer mal leídos cuatro lugares comunes de un papelajo, no lo tengo claro. Lo hubiese entendido si Sampedro hubiese aprovechado para decirle en persona lo que piensa del prestamo de pago en bibliotecas, pero no, en el discurso yo no oí nada que fuera por ahí… Sólo decía vaguedades de una cometa y un hilo, de la libertad y la responsabilidad… fíate…
Luego Tonino estuvo una hora haciendo el subnormal vestido de Rita Barberá, para descojone general del auditorio (por si no había quedado claro que aquí peperos no vienen). Por cierto que para imitaciones, Xavi Castillo le da mil vueltas. La insistencia en dejar claro que “aquí somos todos de izquierdas” ya venía desde el principio (antes incluso de que hablara la ministra), cuando para inaugurar la ceremonia, y yo me imagino que “calentar al público”, pasaron por la pantalla grande tres videos chorras del youtube, sacados del APM?, Muchachada Nui, Polonia… (pues lo típico, doblajes de Rajoy cantando flamenco, cachondeíto con los trajes de Camps, la Rita y el gin-tonic, caña al Real Madrid…). A ver, que a mí me parece cojonudo, pero joder, que el youtube lo tengo en casa. Si vais de sobraos alquilando un teatro y editando en papel una revista y dando unos premios “glamourosos” (dando a entender, en última instancia, que es gente que de cultura sabe más que tú) no me pongáis unos videos del youtube. Y menos con la Ministra andando por ahí, con lo que sabemos que le mola el interné. Todo me parecía como muy sobado, muy manido, muy campaña electoral y trailer de películas y auto-bombo y os-estáis-quedando-gratis-con-mi-tiempo.
Me gustó haber ido con mi padre, porque así podía yo comentar con gente de otra generación, y contrastar como, aunque estábamos de acuerdo en la caspilla general, (aunque el se partía el pecho con los vídeos del Polonia, que yo tengo ya aburríos), el sistema de comunicación centralizado propio de la industria y las revistas-cartelera y la función de críticos de cine, etc., era para él algo completamente legítimo y exento de duda. Bueno, también hay que decir que en algún momento de su vida publicó algún libro de geografía, y ahora una vez al año la SGAE y CEDRO le pasan unos eurillos por las fotocopias que puedan hacerse de ese libro. Lejos de preguntarse de dónde saldrá ese dinero, nos invita a cenar. Así que tampoco me esperaba yo una reacción negativa radical, viniendo de alguien de escaso contacto con internet y las redes de comunicación distribuidas… (recientemente ha abierto ha empezado a trabajar en foros del interné… ¿eso cambiará algo?).
En fin, que estaba yo ya deprimidísimo y sólo pensando en el momento de que acabara la chorrá esa para irnos a la sala del gin-tonic a decirle a Vigalondo que porqué no había cantado “Me huele el pito a canela”. Y en ese momento, [aviso, conmoción] sube al escenario María Valverde para salvar la gala.
Diría que es un ser angelical, por la gracia de Murillo, pero prefiero calificarla como una hermosa pieza, un animal maravilloso, como en otros momentos se calificaba a no sé que otra diva si Ava Gadner o Marilyn o, no sé… En todo caso se quedaría en una chica normal y corriente (guapa, en todo caso, tampoco brillante en su locuacidad) si no fuera por la brutal aura que le envuelve. De esto Benjamin no decía nada. Acabada la gala, esperando con mi padre que nos sirvieran los gintonics, la tuve cerca. Aura benjaminiana a máxima potencia, en propias carnes. Empezaba a pensar incluso si decirle algo (alimentar el aura, más madera, bobaliconear un rato). Pensaba simplemente decirle que hacía una gran pareja con Luís Tosar en La flaqueza del bolchevique, la mejor que había visto desde Jean Renau y Natalie Portman en Leon el profesional. Y entonces empecé a pensar, no sé por qué, en Marilyn casada con Henry Miller. Marilyn en su momento, en la cresta de la ola, la mujer más deseada del mundo, casada con un flaco alto y con gafas, la imagen de la tristeza física. ¿Tendrían Las brujas de Salem o La muerte de un viajante algo que ver en todo esto? ¿Es más potente el aura que más dura, es más dura? ¿Dura el aura lo que dura dura? ¿Reside su importancia en su temporalidad expandida, frente a lo efímero que caracteriza a todas las auras de las divas? Por mi bien, espero que sí. Recuerdo que en otros tiempos me gustaba Leonor Walting, ahora sin duda preferiría a María Valverde. ¿Cuánto durará este ciclo de efemérides? Deep Purple, corre sobre el hielo porque si paras te hundes. Vendría perfecto para ilustrar una bella conclusión en este post sobre la industria cultural.
Por suerte, no estoy muy seguro de nada de esto y la conclusión, como casi siempre, es que no hay conclusión, y acabado el gintonic (mientras fumaba un cigarrillo en la puerta de atrás del teatro vi pasar a la susodicha María Valverde cogiendo un taxi con sus padres y una amiga, comentando las pocas expectativas del plan de noche, diciendo “esto es Valencia, a las 3 ya no habrá nada abierto…”, y no pude más que sonreír echando el humo e imaginarme a María Valverde en el Aguacates bailando con Pepe, y estaba a punto de invitarla pero su taxi llegó y se fue, supongo que a ningún sitio) volvimos en taxi, mi padre y yo, a Valencia, y yo me quedé en Mestalla dejando que mi padre volviera a casa y me pasé por el Aguacates a hacerme otro gintonic y saludar a Pepe que nunca ha dejado de estar en el Aguacates, y luego me recogieron en coche para ir a la CSO Proyecto Mayhem, y luego por la mañana nadar en la playa hasta una boya en la que había un pájaro y luego, en el polideportivo del cabanyal, comentar con el seleccionador nacional de hockey que la hazaña merecía un oro olímpico que el de eso sabía un rato y ya con Clarita dormir un rato en el río y luego pasar por el jardín de las Hespérides de camino al Botánico, pero esto ya es por la tarde y sería otra historia y necesitaría de más posts.

[...] buenas se pueden ir sacando mientras la industria se va extinguiendo… Luego me fui a ver la “gala” de entrega de los premios Turia en el teatro Tívoli de [...]
[...] me cuesta reprimir un “te está bien empleado por capullo”. Jejeje… En fin, si volviera a tenerlo cerca, le diría que me reí mucho con todo esto. Y es imposible que la risa sea mala, [...]