dic 17 2007

Roberto Bolaño y los detectives: la moral del Cóndor.

Publicado por a las 17:20 en COMENTARIOS

Es casi una constante en la literatura de Bolaño la presencia de los detectives. B utiliza este cliché heredado de las novelas policíacas que seguro engulló en su juventud como leit motiv para sus escritos, parece como si Arturo Belano – que es como se llama Roberto Bolaño cuando narra, aunque el nombre que figura en la portada es el del señor que cobraba cheques y es admirado y aplaudido – necesitase una excusa para indagar y rastrear; se siente Arturo cohibido y siente la vergüenza del voyeur cuando describe hasta el último detalle de la vida de sus personajes, personajes que inventa y automáticamente devienen reales, reales para mí, al menos tan reales como el propio Roberto Bolaño y como Eissenhower y como Jesucristo, más reales que Fernando Alonso y que Gadafi.Así pues, la búsqueda de la Verdad es el motor que hace avanzar a los narradores de Belano.

Pero claro, no es una búsqueda pura o destilada, no es una búsqueda newtoniana, obviamente percibió Belano que nadie busca la Verdad gratuitamente, y por eso detectives: por eso tan ambiguos personajes cuyos intereses nunca llegan a estar claros, ni siquiera definitivamente del lado de la Ley, aunque el estar del lado de la Ley tampoco garantiza intereses buenos en el Chile del ’73.

Así pues, repito, la búsqueda de la verdad (ahora sí con minúsculas, si va a ser constructo humano la verdad, su verdad, mi verdad, nuestra verdad, nunca La Verdad) supeditada a los bandazos de una moral ambigua, igual que el investigador social que presentaban en “el ofcio del sociólogo” o en “Contrafuegos”, no me acuerdo. La Verdad deja de ser bella Utopía si es que alguna vez lo fue. La verdad sólo el mapa del camino para subir el monte Purgatorio, sin el fin del bien no es nada la verdad.

Ya hablé en otra ocasión, creo, o por lo menos pensé en ello después de escuchar a alguien, de lo dudosa que resulta la búsqueda de la Belleza pura, no sé si previo a las “Reglas del arte” o tal vez sea una constante histórica y si no son unos son otros los que se quieren distinguir.

Reducido de nuevo el Arte a las dos dimensiones del papel (arte) se obtusa el triángulo y es entonces el Bien la hipotenusa, la base de una pirámide plana pero vertical como los decorados falsos de las películas de Pascua. En este contexto perdido, todo son dudas. ¿Dedicarse a la política y unirse al cuerpo diplomático? Durkheim también quiso moralizar y acabó atrapado en su propia trampa. Construcción del Superhombre (homo superior) y la moral laica, Hegel, pero siendo sólo petit bonhommes bonachones seguramente será feo y será falaz lo que saquemos.

¿Recuperar para el arte y para la ciencia la moral del Cóndor, tal cómo apologizaban Faulkner y Capote, despreocuparse y luego ya veremos?

Porque si descubriéramos cartesianamente que no es bello ser bueno, que sin poder evitarlo sentimos un Sublime placer estético al ver a Saturno devorando a sus hijos, y es verdad, gusta muchísimo el Infierno por regodearse y por piedad y Bibiano O’Ryan – que intuyó que es otro de los nombres que toma Roberto Bolaño para escribir según que cosas – quería hacer la antología de literatura nazi en Iberoamérica, las nuevas flores del mal, podría llamarle. Así es, entonces de nuevo sentiríamos pesar porque sólo así, sólo volando carroñero en círculos, solo, sólo como un Cóndor se puede llegar a la Verdad. Pero seguramente no nos guste renunciar a los otros vértices. ¿Son buenos los detectives?

Son humanos. Tristemente humanos porque asumen su condición de juncos (de giunco) con humildad y no pretenden salvar a nadie, les gustan las armas blancas y tranquilamente lo comentan en el coche y su verdad será sólo su verdad, será verdad cuando hayan conseguido que todos los crean o hayan exterminado a los no creyentes. Y en eso están.

A lo mejor compensa dejar de hablar de Dios, a lo mejor compensa ir a misa los domingos, vaya, eso sí sería cínico, eso sí sería la moral del Cóndor para tranquilamente luego hacer política humana sin filosofía, cuadros sensiblemente bellos y mirar la luna. Y el Domingo ir a misa y no confesarle nada al cura, que él también es humano, pero eso sí, rezar mucho.

Maldito Paco Ferrer y maldito agnóstico Tierno Galván ¿Por qué tuviste que decirme que los Reyes no existían? (releer aquello y más de Bertrand Rushel)

Y ahora leo en la contraportada de Estrella Distante la descripción de Carlos Wieder:

…sin otra moral que la estética…

Y me acuerdo de la pila de brazos vacunados pueriles bracitos amputados y apilados con rigor que nos contaba Marlon Brando en Apocalipsys Now…

… superhombres… …Nietzsche…

(Preguntar al tal Fede, leer y volver a ver la película, a ver que dice de la Luftwaffe y la moral del Cóndor)

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Si cada vez me gusta más Bolaño seguramente sea porque cada vez lo entiendo más y más me doy cuenta de cómo se preocupa exactamente por lo mismo que yo. Debe ser cosa del universal humano.

Y además es metaliterario, claro. Y no está tan claro que realmente hable de literatura para metafóricamente hablar del mundo. Habla de una parcela muy concreta de la realidad y si esta parcela habla del mundo es sólo por su condición de realidad. Sí, hablamos siempre de lo mismo porque hablamos siempre del último hiperónimo inefable: Realidad Universo dinámico Holista.

Pero no era eso. Hablaba de Belano y la moral del Cóndor. ¿Se preocupaba Bolaño del Universo y la Verdad cuando hizo 2666? Seguramente, pero seguramente sólo entonces.

En 2666 había denuncia, que es innegablemente un acto de Verdad y de Bondad casi por antonomasia.

La Verdad, ahora, hecha medio, sólo trampolín para llenar los folios, para colocar cuidadosamente un montón de significantes y connotaciones tras tantas y tantas palabras.

Y la bondad… dudo seriamente que fuera éste el objetivo último. Dudo, dudo muy seriamente que no fuera sólo un efecto colateral. MORAL AMBIGUA, cuanto menos. El mismo Bolaño detective pagado con la belleza, trabajando por encargo despótico del arte, bueno, que coño, ahora ya sí, del Arte. Bolaño entregado al servicio de lo Bello, a las órdenes de su majestad Estética.

Y claro, por eso necesarias la ficticia irrealidad poemas en nubes y las más tétricas torturas, necesarios aunque sólo sea como contrapunto de la realidad más cruda.

INFERNO <—- BOLAÑO —-> PARADISO

Por cierto, será necesario dentro de unos días introducir un más grande comentario en “Sobre la imposibilidad de la obra de arte como soporte material de una idea”, ahora que he empezado a olisquear a Derrida y a Husserl, y he leído aunque sea escasamente a ese tal Enrique Alonso, el enfoque cualitativo me ayudará cuando quiera descubrir realmente la profunda realidad, Mi Porción de realidad ahora ya casi seguro y decidido.

Lo siento por perder la coherencia pero me falta un poco de sueño o de café. Sí, perdí casi definitivamente el hilo. Roto.

¡Oh!, ya recuerdo, quería hablar de un hecho singular que a lo mejor me ayuda un poco a comprender a Herr Bolaño.

Era aquello de la edición póstuma de 2666, que supuestamente el autor pidió se hiciera de manera fragmentada para así mejor alimentar perpetuamente a su descendencia. A simple vista, parece que (se) vende su obra rompiendo su unidad por el bien de sus hijos, un comportamiento casi de instinto animal podríamos decir, curioso en alguien como Bolaño.

  • - Hablo mucho. Hoy voy a callar. – Esto luego no lo cumplí.

No sé, seguramente haya mucho más por el hecho de que él vaya a morir en breve. Al final del camino, el sol rojo del ocaso da tan grande claridad que a lo mejor, con otra luz… el helado de los 3 sabores. [Posteriormente: O tal vez sea al revés y distorsione nuestro juicio la proximidad de la muerte].

A ver si puedo ir a Jaén en breve a ver sufrir. Viaje pendiente al Infierno.

Profundizar en los sufrires del Hospital, no te olvides de la escena de la sala de espera, recién llegados y todavía nada claro y recién un muerto adyacente. Lloros y olor a muerte. No olor a cadáver, olor a muerte. Un cliente para el detective Romero, eso sí.

Todos los cuentos parecen ahora los trapos de Velázquez donde limpiar los pinceles antes de las meninas, imprescindibles para una comprensión holista pero al tiempo tan… ocultables ¿ocultables? Ocultable es todo sin generosidad. Dublineses, los relatos de la isla al mediodía, llamadas telefónicas. Cuando se dejará de tonterías en Guadalajara el Senyor Monzó y hará de una vez por todas una Gran. Porque La magnitud… no, la magnitud de ninguna de las maneras.

(sin conclusión)

4 comentarios

4 comentarios en “Roberto Bolaño y los detectives: la moral del Cóndor.”

  1. adminel 15 ene 2008 a las 11:26

    “Despreocupados, irónicos, violentos – así nos quiere la sabiduría: es una mujer, ama siempre únicamente a un guerrero…”

    Así habló Zaratustra

    - ¿Y la belleza?

  2. [...] conexión al plano sagrado que está detrás de la pantalla. Y aquí entraría Microsoft y sus detectives, aquellos que me contaba un día de verano absurdo en el que me escaqueaba de mi curro en el bar de [...]

  3. [...] la sabiduría y la paz de espíritu del Dios en su conciencia absoluta o, más allá, servirnos de la moral del cóndor y renunciar a ella por completo.< >< [...]

  4. Falando no deserto » EDIPOS y PANDORASel 23 nov 2009 a las 17:19

    [...] “sin poder evitarlo”: el investigador privado se presenta aquí como el paradigmático detective de Bolaño, como el perseguidor de Cortázar o el Ulises encerrado en el Octavo Círculo del Inferno: [...]

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