Dic 15 2009
Panoptismo
Abrumado por la inmensidad de la Big Data Era. Ayer escuchaba Jose Luis de Vicente y se me quedaban las neuronas haciendo Peta Zeta. Ya estoy acostumbrado a leer post sobre privacidad y control en el blog de versvs, pero realmente fue una exposición muy ilustrativa, con imágenes tan potentes como los Google Data Center, discos duros del tamaño del castillo de Heman tan secretos como el área 51. A poco ciberpunk que hayas leído tod eso te hipnotiza. Bases de Datos Humanos tan precisos como las variables físicas de un laboratoiro, sociedades retradas con la precisión de un holograma: información, poder, control. La potencia de los macroscopios hace que pensemos en el mito de la caja de Pandora, metáfora que ya fue utilizada respecto a la ciencia por Hanna Arendt, hablando sobre Oppenheimer y los físicos del programa nuclear.
Como dice Bruno Latour, “las consecuencias para las ciecias sociales serán enormes”. Sin duda. Pero en ese momento vuelves un segundo a la realidad y te acuerdas de tus trabajos como machaca becario en una investigación sociológica sobre el desarrollo del estado del bienestar en España, cuando las indicaciones recibidas eran: “busca información sobre el sistema de servicios sociales segregados por CCAA”. Y te pasas horas rastreando sin éxito paginas webs de ayuntamientos, estrujando las bases de datos del ine hasta que te las sabes de memoria, copiando como un subnormal en un hoja excel tablas de datos de un informe de hace tres años (que sólo encuentras en pdf). Es por eso que volvemos de nuevo al conflicto político que subyace a toda construcción científica, y encontramos el campo de batalla en el acceso a la información global. ¿Somos demasiado paranoicos al tratar con esta tecnología? Defendemos ferreamente nuestros derechos al tratarse de privacidad (”no quiero estar en esa base de datos”), pero esos inmensos dataset, de hecho, existen y se usan, aunque sea sólo con fines de marketing orientado y fomento del consumo. Se abre un debate sobre la utilidad y potencia de estas herramientas: ¿podrían ser útiles para generar autoconocimiento social? Y de nuevo, la paranoia de Pandora: ¿Sería equivalente “cargar todos los DataSet de google en cada portátil” a “distribuir una bomba atómica en cada hogar”? ¿Qué pasaría si cada comunidad de vecinos supiera con precisión milimétrica cuantas veces llama al ascensor cada vecino, cuantas veces enciende la luz de la escalera, o quién y cuando sube a tender al terrado?
Da miedo pensarlo, un mínimo espacio de anonimato y privacidad parece una de las conquistas más importantes de nuestra época moderna y urbana, imprescindible para el ejercicio de las libertades individuales. Pero de nuevo: esas bases de datos existen y se usan. Las lógicas de la visibilidad inevitablemente nos devuelven a la metáfora foucaultiana del Panóptico: una omnisciente torre central, muchos presos individualizados que reciben una mínima información del centro, infranqueables muros que separan e incomunican a los presos. En este contexto ¿cuál debería ser la reivindicación? ¿Exigir la destrucción y anonimación de las bases de datos? ¿Quemar la torre central? ¿o exigir la transparencia y publicidad de TODA la información? ¿Crear bases de datos sociales, de dimensiones macroscópicas? Tumbar los muros que incomunican a los presos y, simplemente, ignorar la torre central porque no posee más información sobre nosotros que la que podemos conseguir conjuntamente; la torre no tendría, por tanto, ningún poder.
Da miedo pensarlo, porque este poder distribuido nos ubica de nuevo en el terreno de la fe antropológica, el salto al vacío, el cambio en la estructura social hacia lo inédito. ¿Seríamos capaces de autoorganizarnos sin dioses?

