Jul 19 2009
62 se me va de las manos…
El proyectito veraniego de la hiperedición de 62, Modelo para armar, ha pasado de coger forma a írseme de las manos. Por otro lado, el wikitexto ya está en marcha, y aunque en un principio la idea era organizarlo todo con una estructura fractálica basada en unas ideas de Shakespeare, Joyce, Dedalus y Bloom, de momento he dejado estar el rollo de la estructura preconcebida. Nos hemos quedado con una postura más cercana al zen y la filosofía musical de John Cage (de esto hablaré en otro post que aun estoy preparando), que de momento carerce telos. Tal vez recupere la idea de la estructura fractálica cuando se consolide una comunidad en la que todos compartamos commitment y objetivos y. Por ahora, El bidet de las hespérides queda como un espacio amorfo o nuboso (como la Nivola de Unamuno) abierto a la participación ocasional (al zarpazo místico) de quien-quiera-que-pase-por-ahí. (Esto permite que aparerzcan cosas, como la mención de “la wikipeli” de Corbacho y Mahou, que no me acaban de hacer gracia y merecerían comentarios más extensos).
Pero por el lado del principio, yo quería hablar de la hiperedición de 62, Modelo para armar. Propuesta como un precedente o un padrazo de laas ideas del Hipertexto. Se suele hablar de Rayuela, pero (sorprendentemente) no he visto muchos comentarios sobre hipertextos que hagan referencia a este libro. Debe pasar como con Finnegans Wake, que Ulises se lo come y deja poco margen a este tipo de obras tan indigestas y que cansan tanto las pestañas. En mi opinión, 62 abre incluso más posibilidades que Rayuela en este aspecto concreto (ya han dicho de mí lo mucho que respeto Rayuela, devoto yo).
La idea es disponer los posibles enlaces entre las piezas en que se (des)compone el libro, con el objetivo último de proponer un modelo de red que pudiera articular una disposición de la obra en tanto constelación. El lector podría, posteriormente, pasearse siguiendo los vínculos sin necesidad de llevar el orden by default que marca la numeración de las páginas del formato impreso. Cortázar menciona en el “Prologo” la posibilidad de permutación de las pezas e inclus la lectura aleatoria (practica muy divertida, por cierto, a la que dediqué gran parte de los trayectos en tren Barcelona-UAB). Creo que una propuesta reticular permitiría un paseo (un montaje, o un armado) por 62 “con conocimiento de causa”, decidiendo conscientetmente cada paso, decidiendo incluso evitar la consciencia y de este modo, ser conscientemente inconsciente. Y en eso andamos, si os apetece os cuento como lo voy llevando.
De momento le quiero meter un barrido general al libro con el Atlas.ti. Este programa está creado para analizar gran cantidad de información textual (en sociología lo gastamos para anaizar los datos cualitativos, es decir, las transcripciones de las entrevistas. Lo conozco por eso.) Es sorprendentemente simple y fácil de manejar, pero al usarlo percibes lo brutalmente útil que es para manejar volúmenes inmensos de palabras. Básicamente, se trata de “codificar” el texto, creando una especie de Tags (los Codes) que son como compartimentos, en los que se van almacenando las citas (quotes, fragmentos del texto). Para el análisis de 62, he separado y numerado (provisionalmente, sólo para trabajar) las piezas. En total son 71 (yo me esperaba 62, la verdad es que fue un poco decepcionante, pero por otro lado el 71 de Rayuela es una morelliana cojonuda que habla de la utopía, el wishful thinking y el bípedo implume; me la redescubrió Yohara y es una de las preferidas, así que a lo mejor -ensanchando el vórtex de la mitología numerológica cortazariana- era esta una clave secreta que daba a entender alguna relación entre el 71 de Rayuela y 62, a lo mejor intentaba decir que cualquier cosa relacionada con 62 es pura utopia o pura eutopia. O a lo mejor me equivoqué y eran 72, yo que sé.) Una vez segmentado el libro, se van codificando las piezas, como ya he dicho, añadiendo tags a cada fragmento. Llevo diez piezas codificadas, y han salido unos 50 códigos (a ojo), por ejemplo “Juan”, “el restaurante Polidor”, “Tell”, “la condesa”, “satori”, “basilisco”, “un libro”, “tranvías”, “Hélène”…
La idea es utilizar posteriormente esos códigos como enlaces entre las piezas, formando la red. Para esto pretendía usar el Ucinet, un programa de análisis de redes que me tiene que enseñar a usar Clarita, pero que me ha dicho que es fácil. De momento, he estado jugando con la herramienta de Network del Atlas.ti, pero es bastante pobre y confusa y rígida, con lo cual no me ha gustado nada. Aun así, he conseguido sacar una primera red (de prueba) basada en el análisis de las 5 primeras piezas (recordad, son 71). Da miedo:
En este caso, las piezas aparecen como nodos centrales, los códigos como nodos perifericos, y las citas como enlaces. Así que sí, es un jaleo. De seguir así, no quiero imaginarme como será la red de las 71 piezas.
Y diréis, ¿todo esto pa que? Pues aquí tocaría ponerme metafísico como John Cage, el maestro Suzuki, o el propio Cortázar en los sesenta (cuando hacía esta cosa), y decir que la constelación es un fin en sí mismo, que el gozo mísitico de la comprensión completa, que el satori, que cuando se limpien las puertaas (the doors) de la percepción todo aparecerá tal y como es en realidad…
Pero también hay proyectitos derivados de este jueguito que ahora me traigo. Uno de ellos, es utilizar la red como estructura madre de una edición digital hipertextual de esta novela (Algo parecido al Rayuel-o-matic, pero con hipervínculos, más al estilo de los montajes de G.P. Landow o la Gabriella Infinita). Para ello necesitaría que 71 blogueros colgaran en sus respectivos espacios una pieza de 62, con los respectivos enlaces al resto de piezas. De esta forma, la obra se podría leer entera paseando por los espacios de un montón de gente, saltando de click en click por las múltiples piezas. Además, si esto se considerase un “fin investigador” (investigamos el acceso al lado de allá), colgar una pieza en el blog estaría cubierto por el derecho a cita de la LPI (creo, aunque no lo tengo claro), y no la tendríamos con Alfaguara. Cosa que también es interesante. Bloggers dispuestos a colaborar, hacédmelo saber.
Otra cosa divertida sería una edición hipertextual pero analógica y off-line, esto es con papel y boli y letra impresa. Tengo en la cabeza un inmenso panel de corcho (o mejor, una habitación cuyas cuatro paredes fueran de corcho) en la que las piezas impresas estarían pinchadas con chinchetas, y los vínvulos entre ellas se podrían representar con hilos de colores atados con alfileres. Qué risa, recuerda al Memex de Vannevar Bush o a la patafísica “máquina para leer Rayuela” de Juan Esteban Fassio, que cita Cortázar en La Vuelta al día en ochenta mundos. Esta clase de chapuzas analógicas hacen pensar que el pensamiento reticular no está necesariamente relacionado con los ordenadores, y si hay una relación causal, está sería la que va desde el sistema de pensamiento a la máquina, y no al revés. Una habitación empapelada con las piezas de 62, vinculadas con hilos y chinchetas (siempre dinámico y efímero) permite que cualquier lector cuelgue más hilos mediante va leyendo, o incluso prolongue el modelo añadiendo piezas que sólo habría que colgar en el corcho. No se me ocurre una forma más clara de “inmersión” en una obra.
Si nada de esto funciona, el último plan es pegarle al liro el petardo más gordo que pueda encontrar (cosa fácil en Valencia) y volarlo. La posterior lectura de los pedacitos según van cayendo del cielo haría las delicias de Duchamp, y daría menos trabajo.

