Jul 07 2010
Ferrer Lerín y los vampiros
Subí hace poco a Barcelona, y estuve comentando con una amiga toda esta historia de los Bartlebys. Es una pena esa absurda ley que prohibió los happy hours de los bares de Gracia con 2×1 en mojitos: si la pretensión era que bebieramos menos, van mal. Si era cobrar más, bueno, bien, ahí ok. En fin, el caso es que salió en la conversación Ferrer Lerín, uno de los escritores que Vila-Matas recoge en su antología de escritores del NO (concretamente, en la nota 16). Dice Vila-Matas que “a finales de los sesenta lo dejó todo y se fue a vivir a Jaca, donde vive desde hace treinta años dedicado al minucioso estudio de los buitres.” Y concluye: “Su destino me parece, como mínimo, tan fascinante como el de Rimbaud”.
Yo le contaba a mi amiga que no estaba del todo de acuerdo con esa mitificación del Silencio. Le decía que yo he estado investigando y no es cierto que Ferrer Lerín se haya retirado a mirar buitres y nada más. Tengo entendido (porque en su momento yo también vi el reportaje del que habla Vila-Matas) que Ferrer Lerín estuvo trabajando como jugador de poquer, e incluso como asesor de poquer para jeques árabes. Y no es que mirar buitres sea una actividad solitaria y misteriosa propia de la criatura Scapolo (cruce del soltero de Kafka y del copista de Melville) que describe Vila-Matas. Sino, mirad a Ferrer Lerín en el 73:
No veo motivo para la dramatización, no veo aquí al Rimbaud de Etiopía, o por lo menos no al Rimbaud que podría describir (y mitologizar) Vila-Matas en su Historia Universal de la Literatura Portatil. Todo parece más normal y apacible, menos apasionante, si se prefiere, pero en todo caso, mejor vida.
Parece que tomaba un tono de queja similar al de Graqc hablando de Rimbaud (es decir, cansino), y con un tono lacónico mi amiga me dijo: “sí, la verdad es que no es nada fascinante el tal Ferrer Larín…”. Me sorprendió su seguridad. “¿Has leído algo suyo?”, le pregunté, porque sé que ese supuesto silencio que le atribuye Vila-Matas no es más que una más de sus imposturas, una pura estrategia narrativo-mitológica. Supuse que mi amiga habría ojeado Fámulo o Papur, así de raros son en Barcelona. O a lo mejor le sonaba el nombre de cuando tradujo El azar y la necesidad, ese turbador ensayo de Monod que lleva por título el nombre de los padres de la humanidad. Me dijo que no: “que va, no sabía que escribiese. Pero estuvo por aquí el otro día.”
Según me contó, mi amiga estaba en ese mismo bar hace un par de semanas, bebiendo mojito con la misma melancolía de los 2×1 que marcaba el momento. En esa ocasión, le acompañaba otra amiga que, por lo visto, está obsesionada por la literatura de vampiros, las películas de vampiros, y en general todo lo referente a los vampiros. (“Diabólico con toda inocencia”, cité yo pedante a Kafka, por suerte mi amiga no me hizo caso y siguió su relato). En esa ronda de mojitos, la vampirófila disertaba alegre sobre “Déjame entrar“, una película de vampiros polácos, o suecos, no recordaba muy bien mi amiga, que por lo visto a la vampirófila le resultaba fascinante. Según parece, se trataba de una vampira niña que tenía una especie de “canguro” que en realidad había sido un novio adolescente pero, claro, el novio envejecía y la vampira no y, finalmente, no le queda más remedio a la feliz pareja que destruirse mutuamente, no recuerdo (ahora soy yo al que le falla la memoria) si era ella la que le devoraba o él el que se entregaba.
“Mucho mejor que todas esas fantochadas adolescentes de ahora”, decía. “En el cine no hay nada bueno desde Mornau… bueno, Coppola, si me apuras, pero en todo caso la única historia válida es la de Stoker”. Mi amiga no parecía muy interesada por el tema de los vampiros (yo en cambio, no dejaba de pensar en las cartas de Felice Bauer, que Kafka prácticamente sorbía de su mano como si fuera la tinta de su yugular) y, como para animar la historia, me dijo que en ese momento apareció Ferrer Lerín. “A mí me sonaba su cara no sé porque, creo que salió alguna vez en la tele, pero desde luego mi amiga, la de los vampiros, no sabía quién era. Así que al principio fue un poco raro que se metiese en la conversación hablando de no sé qué director alemán”.”¿Werner Herzog?”, “¡Sí!, ¿cómo lo sabes?”. Casualmente, he visto un par de pelis de este hombre ultimamente, y me sonaba que tenía una versión de Nosferatu. Por lo visto, la vampirófila también la había visto:
“¡Claro! ¡Está la número 3 de las 70 mejores películas de vampiros de todos los tiempos! sólo en el Nosferatu de Herzog triunfa el mundo vampírico y, en espera de una muerte que no ha de llegar, la población organiza cenas en el zaguán (pero no picnics de manta y cesta, ¿eh?, cenotas de mesa de roble mantel de hilo cubierto de plata candelabros faisán y vino tinto en jarras de Bohemia). Y no sólo eso, también las danzas geométricas de los enterradores desfilando como en una peli de Riefenstahl, portando los ataudes de cuatro en cuatro enlevitados todos los profesionales y los amateurs, porque claro, con tanto muerto que desata la peste del vampiro los enterradores profesionales no serán suficientes y tendrán que echar mano de amateurs… toda la ciudad pasa a ser enterrador o muerto, y desfilan a vista de pájaro en una Plaza Real desierta… sólo en la muerte hay belleza y sólo los vampiros pueden traérnosla de vuelta.
Y ante esto, Ferrer Lerín contesta:
Bueno, amiga, hay ciertos matices que considero importantes. Primero: no está desierta la plaza porque también está por allá Isabelle Adjani dando vueltas como loca. Y en el 79 Isabelle Adjani no era algo que se pudiese pasar por alto. Dirás que era sólo un recurso narrativo para poder meter la cámara, bueno, eso es otro debate, pero en todo caso estaba allí. Por otro lado, te has olvidado de los animales de Herzog. Alguien debería hablar de lo que hace Herzog con los animales. Nadie hace a los animales más turbadores que Werner Herzog. Las ratas. Pero ¿Y los buitres? ¿Es que nadie piensa en los buitres? Dices que sólo los vampiros viven de la muerte. ¿Y los buitres? ¡Los buitres viven de la muerte! ¿Y qué crees que pasa cuando alguien cena buitre moribundo, desplumándolo a arañazos y mordiendo su corazón todavía palpitante?
Y en ese momento, a Ferrer Lerín se le encendieron los ojos hasta que de tan brillante fueron opacos mate como unas lentillas de cerámica nacarada, y al mismo tiempo le crecían los colmillos que ya asomaban en la comisura del labio inferior cuando se inclinaba hacia el cuello de la vampirófila y yo pensaba “vaya tela”, y le hacía un gesto a la camarera encargando otra ronda de mojitos.
EXTRA
Tengo la incierta sospecha de que el enlace www.ferrerlerin.com no tiene nada que ver con este Ferrer Lerín, pero qué risa, está en japonés. Para más info de este inquietante tipo: ferrerlerin.blogspot.com En ese blog si que aparecen palabras interesantes.

