Ene 20 2010

EL PAPÁ DE CLARA NO ES POSMODERNO

Publicado por Julio en COMENTARIOS

Decía que  hace unos días me encontré, haciendo mi trabajo académico de “Administración y Políticas Públicas”, con el párrafo de un historiador que me llamó la atención y provocó en mis neuronas una divertidísima distracción, la asociación delirante de la que hacía apología Perec. Casualizando que te casualizarás, me di cuenta siguiendo la introducción del libro que el autor era el papá de Clara, una grandísima amiguísima mía, y me hizo mucha gracia, así que lo comenté con unos amigos de la universidad en un espacio común que teníamos (pret. imperf.): parece que no les hizo tanta gracia. Bueno, cosas que pasan. Indiferente a la adecuación de las cosas, yo me quedo pensando que no hay censura razonable. Pero a mí sigue pareciéndome interesante el coágulo cortazariano que apareció allá, así que lo expongo otra vez (”en tiempos de burocracia y rutina el pesado plomizo es el auténtico revolucionario”, dicen).

Contextualizo: El trabajo de administración lo quise centrar en “La historia de la administración colonial española“, por varias cosas.

  • Primero, porque me permitía plantear un enfoque relacional manteniendo las exigencias de la árida materia, aplicar una perspectiva de topologías de red a la estructura administrativa, recordando el libro De las Naciones a las Redes y los esfuerzos de forja de una “comunidad imaginada” sobre la base de un mercado nacional.
  • Además, la política exterior española del siglo XIX, especialmente el gobierno Cánovas y Cuba, es un tema que mi abuelo, historiador, trabaja sin descanso (a sus 84 años está acabando la segunda parte de su tésis), por lo que disponía de infinita bibliografía en papel y además le doy una alegría al señor, que dice que necesita un nieto que herede la inmensa biblioteca.
  • Por último, le daba vueltas últimamente a la idea del historiador como detective, enlazando con el leit motiv bolañesco en un contexto científico-político de reflexividad posmoderna. El detective Jimmy McNulty, de la serie The Wire de la HBO, me parece el personaje literario más lúcido y más idealizable de nuestro tiempo (creo que hablaré sobre HBO próximamente). Esto último es una idea muy bruta que quisiera desarrollar más adelante; es especialmente evidente en las situaciones en las que la ciencia (Geografía, Historia, Sociología, Biología o cualquier rama) ejerce unas funciones jurídico-políticas más explícitas. Como por ejemplo, la historiografía que sirve de base al Tribunal de La Haya para su resolución de 1975 respecto al Sahara Occidental. O, como leía hace poco en un estudio conmemorativo sobre la “expedición científica” de Cervera-Quiroga-Rizzo al Sahara Occidental en 1886, los viajes orientados a determinar la ubicación de la antigua y olvidada “Santa Cruz de Mar Pequeña”. Este enclave misterioso aparece mencionado en el tratado de paz de Tetuán (1860), y sentaría las bases de un futuro enclave colonial. Me imagino a los exploradores buscando las ruínas de una fortaleza medieval derrocada a lo largo de la costa sahárica, me imagino las presiones de las Sociedades Africanistas y las posturas oficiales del gobierno conservador, me imagino a un pobre geógrafo o geólogo o historiador buscando desesperado La Verdad mientras una serie de siniestros personajes intentan influir en su trabajo. Y en este contexto me encuentro el parrafito del papá de Clara, Jose A. Piqueras, en la introducción de su libro Sociedad Civil y Poder en Cuba”, de 2005. (Por cierto, buenísimo libro, muy interesante para mi trabajo, en la línea de Hobsbawn respecto al análisis de sociedad civil y nacionalismos; para este señor sólo tengo elogios y esta anecdótica divergencia que no es más que el germen de un clinámen tonto. Además me ha recordado mucho a “El Siglo de las Luces” de Alejo Carpentier, y eso siempre es bonito). Decía:

“La Historia de Cuba, como la de los restantes países, nos llega mediante la reconstrucción de las experiencias y la construcción del relato que da cuenta de esas experiencias. El riesgo de confundir ambas salta a la vista, sin llevar hasta las últimas consecuencias el dogma posmoderno que circunscribe La Historia al mismo relato y nos priva de la capacidad de discernir la realidad objetiva de la percepción que tuvieron y tienen las generaciones. Este riesgo es tanto mayor cuanto la segunda posibilidad cumple funciones diversas: la comprensión del devenir de las sociedades, la generación de una conciencia crítica, la creación de una memoria compartida, la ilustración de los comportamientos del pasado y de las respuestas ofrecidas a los retos, una forma “verídica” de literatura, también la legitimación de trayectorias, formas y grupos de poder, o que aspiran a ocuparlo, desde los que invariablemente se propician interpretaciones conformes a la finalidad perseguida.”

De ahí el título del post, y las diferencias que señalaba con esta perspectiva positivista de la historia. Será que yo soy muy radical, o muy torpe, y suplo mis carencias en rigor historiográfico con premeditada mala fé (qué vergüenza me está dando mi trabajo express). Pero esa es la única perspectiva que me parece válida: rechazar la distinción categórica entre objetividad/subjetividad y adentrarse en los terrenos liminares de la indeterminación; proponer un discurso histórico más argumentativo que deductivo, atendiendo a los efectos reflexivos del mismo; prestar atención no sólo a las estructuras de posibilidad que determinan las percepciones de los agentes observados, sino también a las del propio observador.

Me refería a esto cuando rechazaba la concepción de “la forma “verídica” de literatura” (¿qué quiere decir ese entre comillado alrededor del término peligroso? ¿por qué tanta ambigüedad?). Substituiría verídica por versemblante, y prestaría especial atención a los mecanismos que hacen más creíbles un discurso: referencias a archivos, documentos de tiempos pasados, registros de entidades cuyos intereses garanticen el rigor… y las citas, las referencias a otros historiadores que han desbrozado antes el camino. Creo que “La Realidad Objetiva” se caracteriza por apoyarse en un asfixiante fondo bibliográfico, que normalmente converge en una línea narrativa común (grandes relatos). Me acuerdo otra vez de Borges y el Universo de Tlön, el universo imaginario del que se trazaron Atlas, Enciclopedias, Mitologías. Puede que mi próximo trabajo de Administración lo haga sobre “El régimen de administración municipal y federalismo fiscal en la península de Uqbar, Tlön”. Aunque también molaría hacerlo sobre “representatividad y democracia local en La Comarca, el pueblo de los hobbits”. Creo que esto tiene mucha más chicha, no se ha protestado lo suficiente sobre el gobierno caciquil de la dinastía Bolsón (Bilbo y Frodo).

Se suele decir que los periodistas dicen: “No dejes que la realidad te estropee un buen titular”… si esto es así, ¿qué hacemos? ¿Lo combatimos? ¿Nos unimos a ellos? ¿o hackeamos el sistema y asumimos libremente nuestra responsabilidad? (de nuevo, me remito a Jimmy McNulty en la 5ª temprada de The Wire, gloriosísima temporada). A veces dan ganas de asumir el lema como propio.

El argumento de autoridad (esto es verdad porque otro lo ha dicho antes que yo) es el principal recurso de los historiadores de biblioteca, como mi abuelo, y me hace mucha gracia. En el fondo es linkear, pero tiene unas cuantas consecuencias perversas en el mundo académico, sobre todo en la jerarquía de credibilidad que se establece entre los autores, las revistas, las editoriales y los textos inéditos, y no digamos entre bibliografía en papel y bibliografía digital. A ver cuando llega el día en que se puedan citar wikipedistas como fuente de autoridad. Además lo de copiar bibliografías es mucho más torpe y lento que el ctrl+C, Ctrl+V con lo URLs…

En fin, sólo era esto. Continúo con mi aburridísimo trabajo con la cuenta atrás en marcha (creo que son 10 horas las que me quedan antes de exportar a pdf). En realidad no se porque alguien podría haber considerado que estas ideas “no eran adecuadas”… A lo mejor era por la foto del Señor Piqueras, el papá de Clara, con el que ilustré el post. Era una imagen que viene en la contraportada de mi libro y que encontre en google images, aquí os la dejo como venía:

< ¡NO SOY POSMODERNO!

Lo miro y sigo dándole vueltas… con lo muchísimo que quiero a Clara, y lo que admiro a este venerable señor con barba, no veo porque tendría que enfadarse…

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