Oct 20 2009
La ética hacker y el espíritu del informacionalismo.
Revelador ensayo, de lo que más he disfrutado leyendo últimamente. Me he hecho unos esquemas sintéticos algo farragosos y bastante impersonales… pero personalmente muy útiles, la verdad. Por cierto, que este libro me ha recordado muchas veces a El artesano, de Richard Sennett, que estoy leyendo estos días (creo que también se lo he visto citar a algún indiano). Me sorprende mucho que no se citen mutuamente, con las coincidencias de perspectivas y ámbitos que se dan… En fin, lo que yo he sacado de acá.
Aunque el autor principal de este libro sea Pekka Himanen, es importante destacar la autoría colectiva del proyecto: como se explica en el prólogo, la idea surge en una conversación entre Himanen, Linus Torvald y Manuel Castells. La síntesis entre tres trayectorias vitales e intelectuales cristaliza así en este libro con prólogo de Linus y epílogo de Castells. Suele remarcarse el aura de genio cuando se dan ciertos trabajos especialmente brillantes en cualquier ámbito (científico, artístico, empresarial, etc.), pero este sobreesfuerzo individual sería del todo estéril sin el sustrato social en el que el conocimiento emerge. En el caso de las ciencias sociales, y este libro es un magnífico ejemplo, este detalle es especialmente relevante. Sería absurdo destacar la labor de un sociólogo en su escrutinio de la realidad, sin mencionar los diferentes actores sociales que prestan sus experiencias para la construcción de un discurso. En este caso, no sólo es importante la contribución de Castells (la “sociedad red” como modelo de estructura social y el “informacionalismo” como paradigma tecnológico y científico), sino también la de la comunidad hacker a la que tanto tenemos que agradecer.
Sociedad Red e Informacionalismo
Como decía, la contribución de Manuel Castells se basa en un modelo heurístico para contemplar, contemporáneamente, una estructura social y un paradigma tecnológico de tremenda complejidad.
En el epílogo (que recomendaría transformar en prólogo, como base de una estructura organizativa, tecnológica y socioeconómica sobre la que articular el correlativo modelo de cambio cultural) Castells realiza un espectacular ejercicio de síntesis, concentrando en unas pocas páginas los rasgos más significativos de la macroteoría que desarrolla en su trilogía La Era de la Información.
En su análisis de la estructura y el cambio social, Castells pone en primer plano el factor tecnológico (tradicionalmente olvidado en los análisis precedentes, considerada casi siempre como una variable dependiente). Integrando este factor en la matriz fundamental de cambio, junto a los factores culturales, políticos, y económicos, se dispone a explicar el advenimiento de un nuevo paradigma tecnocientífico y una nueva estructura social. Estas dos novedades, aunque concurrentes e interrelacionadas, no deben ser confundidas, y es por esto que la sociedad red y el informacionalismo se dotan de conceptos diferenciados.
El paradigma informacionalista, que vendría a substituir al paradigma industrial como modelo conceptual que establece los criterios estándar de interpretación, se basa en tres rasgos distintivos de las innovaciones tecnológicas:
1) La capacidad de estas tecnologías para ampliar por sí mismas el procesamiento de información en cuanto a volumen, complejidad y velocidad.
2) Su capacidad recombinatoria
3) Su flexibilidad distributiva
Estos cambios son perfectamente ilustrados en su análisis de la microelectrónica y la ingeniería genética, campos emblemáticos de esta revolución científica (Khun). Lo fundamental de estos cambios en las tecnologías de procesamiento y transmisión de la información es su impacto en la generación y aplicación del conocimiento, favoreciendo la emergencia de las estructuras en red.
Sobre la base de este informacionalismo, se establece como forma dominante de organización social la estructura en red. Esto se puede apreciar en el campo económico, con un modelo de empresa red (reducida a la mínima dimensión, orientada a proyectos empresariales llevados a cabo por equipos coordinados, formada por trabajadores flexibles); en el campo cultural, con la world wide web como consagración del Hipertexto caleidoscópico; y en el campo de la política mediática y espectacular, que se adapta a las nuevas condiciones de los flujos comunicativos.
La singularidad histórica de este modelo se sitúa en la concurrencia de factores tecnológicos (las TIC), socioeconómicos (caída del muro de Berlín y reconfiguración del orden mundial) y político-cluturales (Nuevos valores, ejemplificados por Nuevos Movimientos Sociales orientados a la experiencia libertaria).
La ética hacker y el espíritu del informacionalismo
En este nuevo contexto estructural, Pekka Himanen se atreve a proclamar un cambio cultural recursivo, que aumentaría de forma exponencial el potencial transformador de la tendencia señalada. Parafraseando el famoso título de Max Weber, Himanen sigue su línea epistémica investigando las motivaciones individuales del colectivo protagonista de este cambio cultural, estableciendo una comparación constante entre los valores señalados por Weber y los detectados por él en su convivencia con el colectivo hacker (Linus Torvals y compañía). Estas se pueden resumir en este cuadro:
| Jerarquía Valores | CAPITALISMO RED
Y ÉTICA PROTESTANTE |
INFORMACIONALISMO
Y ÉTICA HACKER |
| Ética respecto al trabajo | Dinero | Pasión |
| Trabajo | Libertad | |
| Ética respecto al dinero | Optimización | Valor Social (comunidad) |
| Flexibilidad | Accesibilidad | |
| Ética respecto redes externas | Estabilidad | Actividad |
| Determinación de metas | Preocupación Responsable | |
| Valor subyacente | Contabilidad de resultados | Creatividad |
Los siete valores de la ética protestante y la ética hacker. Basado en P. Himanen (1998).
Aunque pueda parecer banal, estos cambios hacen saltar por los aires las principales bases conceptuales en las que se basa nuestro modelo social. Destaca, de entre ellas, la deconstrucción de la polaridad tiempo de ocio / tiempo de trabajo, sobre la que se estructura tanto la práctica totalidad de sistemas de dominación, como la gran mayoría de reivindicaciones tradicionales de las alternativas al poder.
Rompiendo esa polaridad falaz, se abre un campo de la producción humana basada en la pasión y la libertad. La bofetada que esto supone a las teorías de la alienación del trabajador todavía no se han desarrollado.
Por otro lado, al retomar un fuerte valor de la comunidad, tanto por una consciencia de la interdependencia de los individuos como por convicciones éticas y vitales, se abre con total naturalidad el espacio hacia la responsabilidad respecto a las redes ajenas, respecto al resto del mundo.
En última instancia, se consigue con todo esto un modelo de organización social que nada tenía que ver con el anterior. Consumado de una vez por todas el deicidio en serie que debía culminar con “la salida del ser humano de su minoría de edad espiritual” (Kant), los hackers de todos los ámbitos pueden tomar consciencia de la total disponibilidad de sus propias vidas, orientándola hacia el fascinante mundo de la creatividad, el espacio donde todo es posible.
